OMPRESS-AUSTRALIA (3-07-20) El mes pasado fallecía el que fuera obispo de la diócesis de Alotau-Sideia, en Papúa Nueva Guinea, el Misionero del Sagrado Corazón Desmond Moore, tras haber cumplido su sueño de juventud de “irse a las misiones”. El territorio de misión que le “tocó” pastorear cubría una extensión de casi 600 islas en el extremo este de Nueva Guinea, con solo 160 habitadas y una extensión de mar entre ellas equivalente a la mitad de España. Con una naturaleza exuberante y con una población dispersa, con 48 lenguas distintas, para las que el Tok Pisin o “Pidgin English”, una mezcla pintoresca de inglés y otras lenguas, acaba siendo la única manera de comunicarse.

Nacido en 1926 y crecido en Adelaida, Australia, Desmond Charles Moore, se ordenó sacerdote de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús en 1957. Antes, en su vida “civil”, este misionero australiano había trabajado en un banco, pero fue su “deseo de ir a las misiones en el extranjero”, y la presencia constante de los Misioneros del Sagrado Corazón, durante toda su infancia, lo que le llevó a decirse por entrar en esta congregación. Recién ordenado no tuvo la suerte de que le destinaran a misiones. Lo enviaron a la casa de la congregación en Douglas Park, al sur de Sydney, como asistente del maestro de novicios y tesorero. Finalmente, en 1960, con 34 años de edad, recibió su primer destino misionero: Papúa Nueva Guinea. Su primera época transcurrió en Port Moresby, la capital de este increíble país, donde trabajó muy cerca del obispo. Acabó siendo el superior de los Misioneros del Sagrado Corazón, hasta que en 1970 fue enviado a Milne Bay y, nombrado obispo de la diócesis de Alotau-Sideia, convirtiéndose en el segundo obispo de la misma, sucediendo al obispo fundador, Mons. Francis John Doyle, también de los Misioneros del Sagrado Corazón.

Sus compañeros de misión recuerdan que “el ‘obispo Des’ – como le llamaban – era un hombre sencillo al que a menudo se lo podía encontrar en el muelle ayudando a cargar uno de los barcos de la misión, u organizando a los pasajeros y la carga de la cubierta con su típica energía, para desconcierto de la tripulación”. El obispo Des “siempre fue un pastor dedicado que se preocupaba personalmente por todas sus ovejas, o ‘burros’, como a veces nos llamaban cuando lo habíamos molestado más de lo habitual. Su casa siempre estaba abierta para cualquier persona necesitada o angustiada”. Todo el mundo salía de ella con ayuda o consuelo. “Cuando estaba en casa, siempre estaba disponible en la red de radio de la misión para un hablar o para discutir cualquier problema que surgiera en las remotas parroquias de su diócesis”. Como reconocía Russ Andersen, un anciano misionero que estuvo a su lado, “nunca conocí a nadie tan caritativo y tan testigo del amor de Dios en su forma de vida”.

En 1996, la reina Isabel le nombró caballero por su labor incansable en Papúa Nueva Guinea. Siempre humilde, aceptó el premio sin fanfarria, como un mero representante de los muchos misioneros religiosos y laicos que trabajaban en la región en ese momento, y los muchos otros, ya fallecidos, que habían dejado tantos años de su vida allí.