OMPRESS-CÁCERES (24-01-20) Mons. Francisco Cerro, recién nombrado arzobispo de Toledo y hasta ahora obispo de Coria-Cáceres escribe una carta con motivo de la Jornada de Infancia Misionera de este domingo 26 de enero, dirigida a los niños y aquellos que “sois como niños”. En su carta Mons. Cerro da las claves para ser un niño misionero hoy:

“La jornada de la Infancia Misionera está dirigida a vosotros. Quiere hacernos despertar el sentido misionero, recordándonos que, desde nuestro bautismo, todos somos misioneros. Por ello, debemos fomentar un espíritu de amor al prójimo, siendo generosos y solidarios, participando así en la misión de toda la Iglesia.

Este año es el segundo dentro del cuatrienio que las Obras Misionales Pontificias nos proponen desde el año pasado para trabajar esta jornada. Los cuatro años tienen de fondo el ir ‘con Jesús niño a la misión’. Ya hemos visto a Jesús que nace en Belén, que se hace niño como nosotros, ahora lo vamos a ver obligado a emigrar a Egipto, refugiado en un país extranjero.

Siguiendo el lema de esta jornada, tres claves nos ayudarán a comprender mejor cómo debe ser un ‘niño misionero’ hoy:

Con Jesús. No se nos puede olvidar que el misionero nunca va sólo, lo que hace no es algo fruto exclusivo de sus ideas, de sus iniciativas o de sus propias fuerzas. El misionero es en primer lugar el que conoce a Jesús, se ha encontrado con él y se siente enviado por él a través de su Iglesia. Niños, lo más importante de vuestra vida como cristianos es conocer a Jesús, amarlo, tener experiencia de él. Para eso no sólo hay que ir a catequesis o clase de religión, también hay que vivir los sacramentos con otros niños como vosotros y con los adultos. Qué bello es cuando, con vuestros papás y mamás compartís la eucaristía del Domingo, rezáis en casa, bendecís la mesa y hasta hacéis cosas por los demás, sobre todo por los más necesitados. Estar con Jesús y dejarnos guiar y acompañar de Jesús es lo primero para ser un buen misionero.

A Egipto. En la sociedad que estamos, cada vez más, vemos a nuestro alrededor, en las ciudades y pueblos y en nuestros colegios, a personas que han venido de fuera, que han salido de sus países buscando una vida mejor o huyendo de la guerra y la pobreza, algunos perseguidos por su religión. Esta realidad la tuvo también que vivir Jesús niño desde el inicio de su vida. Jesús tuvo que ir con sus padres a Egipto, perseguido por Herodes. Allí vivió como extranjero, lejos de los suyos, teniendo que aprender las costumbres y la lengua de aquellos que los acogieron. Esto nos ayuda a comprender que Jesús conoció la persecución y la injusticia que a veces aflige a los más débiles y que Dios opta siempre por los más pequeños y nos libera del mal. También este acontecimiento nos está llamando a nosotros a mirar a nuestro alrededor y ponernos en la situación de aquellos niños, muchos de ellos ya en nuestros colegios, que han tenido que dejar sus hogares, su tierra, algunos de ellos están aprendiendo nuestra lengua… Ellos esperan, como lo esperó Jesús en Egipto, ser acogidos con cariño y comprensión. Depende mucho de nosotros que sean capaces de integrarse y sentirse amados, no solo por nosotros, sino por Dios, que los quiere cuando nosotros hacemos todo lo posible por recibirlos como hermanos. También los misioneros son acogidos en tierras lejanas. Esa acogida los enriquece y a la vez les permite transmitir lo más bello que tienen, la mejor de las buenas noticas, transmitirles a Jesús.

¡En marcha! El Papa Francisco nos invita constantemente a ‘estar en salida’. A veces hay que salir obligados por las circunstancias, como les ha pasado a los emigrantes y refugiados, como le pasó a Jesús, a José y a María. Muchas veces hay que salir con lo puesto, ligeros de equipaje, aunque sepamos que Dios sigue yendo con nosotros. Otras veces habrá que salir de nuestras comodidades, dejar de estar encerrados en casa, para poder acercarnos a quien llega, a los que están cerca o vienen de lejos, para también a ellos llevarles a Jesús.

Como todo misionero, nuestros pies deben ser ligeros para llegar más fácilmente allí donde esperan que se les lleve a Jesús. Ponte en marcha, no te encierres, sé ese niño misionero que Jesús espera de ti, lleva su alegría, su amor, su buena noticia. Recuerda que no hace falta ir cargado de todos nuestros apegos materiales. ¡Cuánto me alegra lo que en este día compartís a través de la Infancia Misionera para que otros niños conozcan también a Jesús gracias a los misioneros! ¡Cuánto me alegra la labor de concienciación con vuestras familias, que durante esta Navidad habéis hecho a través de vuestra hucha del compartir, que seguro que habéis coloreado con tanta ilusión y las habéis dejado tan bonitas! Gracias en nombre de todos los misioneros.

No dejéis nunca de vivir y llevar “un estilo de vida con corazón misionero”, en el colegio, entre los amigos y en casa y que Jesús os acompañe siempre para estar en marcha, acogiendo a todos sin distinción, como un buen misionero”.