OMPRESS-ESTADOS UNIDOS (19-11-19) La diócesis de Peoria, Estados Unidos, anunciaba ayer que el venerable Fulton Sheen será beatificado el 21 de diciembre en la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción de esta ciudad de Illinois. Este obispo norteamericano que, entre otras cosas, fue director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Estados Unidos, se convirtió en todo un fenómeno mediático. Su programa de televisión, “La vida merece vivirse”, tenía audiencias de más de 30 millones de espectadores. Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, trabajó con él en diversas ocasiones. Cada vez que hablaba nos fascinaba, reconocía en una entrevista el Papa emérito. Cuando le concedieron el premio Emmy, los premios a la excelencia en la televisión en Estados Unidos, no pudo evitar bromear al aceptarlo: “Aprovecho la ocasión para recordar a mis cuatro guionistas preferidos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan”.

Obispo auxiliar de Nueva York, Fulton Sheen fue director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Estados Unidos durante 16 años. En estos años alternó su dedicación a la animación misionera en todo el país – Estados Unidos se convirtió en el país más generoso del mundo con las misiones – con su comprometida labor a través de los medios de comunicación. En la emisora ABC dirigió el programa “Life is Worth Living” (La vida merece vivirse) de 1952 a 1957, y “The Fulton Sheen Program”, de 1961 a 1968, que fue una continuación del primer programa. Con su estilo carismático y su sentido común afrontaba los temas que cautivaban a la sociedad norteamericana de aquellos años.

Desde neoyorkinos de clase trabajadora que conoció en su vida cotidiana hasta grandes celebridades se convirtieron al catolicismo por su ejemplo y sus enseñanzas: el fabricante coches Henry Ford II, la actriz de Hollywood Virgina Mayo, escritores, políticos, compositores…

Mons. Fulton Sheen fue también el creador del “Rosario Misionero” de los cinco colores, como un medio concreto de orar por los cinco continentes, por las misiones y por los misioneros. En Peoria, se ha creado un museo donde se conserva el primer rosario de colores con la explicación que él mismo ideó de cada color: “…el azul por el continente de Australia, Oceanía y las demás islas en las aguas azules del Pacífico…”. En el museo también hay ejemplares de la revista misionera que dirigía, así como innumerables manuscritos de este hombre de Dios que será beatificado el próximo 21 de diciembre.

Un día le preguntaron qué era lo que más le motivaba a ser un buen cristiano. Fulton Sheen contó entonces la historia de una niña china. Un grupo de comunistas llegó a una pequeña aldea de China donde vivía un misionero. Lo amenazaron, lo golpearon y acabaron encerrándolo en la pequeña casa donde vivía. El misionero se horrorizó al ver por la ventana cómo los soldados entraban en la Iglesia, rompían el sagrario y tiraban por el suelo las formas consagradas. El misionero, que las había guardado, sabía el número de formas: exactamente 32. Aquellos hombres se fueron sin darse cuenta de que una pequeña niña había visto toda la escena. Por la noche, la niña volvió. Se deslizó a hurtadillas por detrás de los guardias que custodiaban la casa del misionero y entró en la Iglesia. La pequeña hizo una hora de oración, luego se arrodilló y comulgó una de las formas.

La niña volvió cada noche. Hacía su hora de oración y luego comulgaba. Tras 32 noches, tras haber comulgado la última de las formas, hizo un ruido sin querer y despertó a uno de los guardias que mantenían preso al misionero. El soldado corrió tras la niña y la alcanzó. Se dio cuenta de lo que había pasado y la golpeó con la culata del fusil hasta matarla. El misionero fue testigo del martirio desde la ventana sin poder hacer nada. Años después, ya expulsado de China, este misionero le contó la historia a Fulton Sheen. El entonces director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Estados Unidos le prometió a Dios una cosa: todos los días de su vida haría una hora de oración frente a Jesús en el Sagrario, como aquella pequeña.

Fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York en 1951, y permaneció allí hasta su nombramiento como obispo de Rochester en 1966. Se retiró en 1969 y regresó a la ciudad de Nueva York hasta su muerte en 1979. Tras su beatificación los restos de Fulton Sheen descansarán en la catedral de Peoria, en su tierra natal de Illinois, la catedral donde fue ordenado sacerdote.