OMPRESS-MOZAMBIQUE (16-10-19) El obispo de Pemba, en Mozambique, Mons. Luiz Fernando Lisboa, advierte que “habrá hambruna en Cabo Delgado”, la provincia más al norte del país. Es el resultado de los ataques que “continúan de manera violenta”, incluso con la presencia de las Fuerzas de Seguridad. Este misionero explicaba en la agencia de noticias portuguesa Ecclesia, que ha “estado visitando las comunidades y, va a suceder muy tristemente, habrá hambruna en Cabo Delgado porque las regiones donde están ocurriendo los ataques la gente ya no está haciendo machamba (tierras agrícolas), no están trabajando por miedo”.

El obispo de Pemba dice que “se ha creado una situación muy grave” en Cabo Delgado, donde tienen lugar ataques y destrucción y “nadie sabe” quién es el responsable. “Varias veces dijeron que es un grupo, que gobierna son tres individuos que han sido arrestados pero no por qué”, pregunta. El misionero subraya que es cierto “que el enemigo no tiene cara”, y que el Gobierno Central “ha actuado”, enviando tropas y fuerzas de seguridad a la región. “Pero los ataques violentos continúan, incendiando casas, personas que se quedan sin hogar, matando a personas inocentes, matando a personas que trabajan en los campos, últimamente han estado atacando incluso los medios de transporte público”. En este contexto, el obispo de Pemba, la capital provincial de Cabo Delgado lamentó que “algunas voces insisten” en que la situación está bajo control pero “no es cierto”.

Antes de la visita del Papa de septiembre, Mons. Luiz Fernando había escrito una carta abierta al pueblo de Cabo Delgado denunciando la situación que desgraciadamente continúa. Mons. Luiz Fernando. Este misionero brasileño, de la Congregación de la Pasión, explicaba que había “poderes ocultos que pretenden imponer sus propios intereses”, matando a cientos de personas, quemando aldeas, iglesias, mezquitas y sembrando la destrucción por todas partes. Es una región rica en piedras preciosas (especialmente rubíes), tierra y madera”. Ya entonces hacía “un llamamiento a todas las personas de buena voluntad de Cabo Delgado para que no nos resignemos a la violencia y no nos cansemos de pedir justicia y paz”

Como fantasmas, contaba, los rebeldes aparecen y desaparecen sin ser vistos, dejando tras de sí sólo desastres. Describía sus encuentros con centenares de personas desplazadas de sus casas o en luto por la muerte de sus seres queridos: “La Iglesia, las instituciones y la comunidad -afirma- viven en un ambiente de miedo e inseguridad”. Y sus preguntas ante la situación parecen martillazos: “¿Existe algún vínculo con el tráfico de órganos? ¿Se trata de blanqueo de dinero? ¿Están los ataques relacionados con el comercio de piedras preciosas? ¿Es nuestra provincia un corredor de traficantes de diferentes mercancías? ¿No habrá un problema de concesión exagerada de tierras para la explotación minera?”.