La Navidad es un momento único para comprender el amor loco de Jesús que dejó su cómodo cielo para venir a nuestra tierra, se hizo uno como nosotros, aprendió nuestro idioma, nuestras costumbres para que nunca más nos sintiéramos solos y sintiéramos la dignidad de nuestra vida.

 

Soy Ester Palma llegué a Corea hace doce años y soy feliz de estar aquí trabajando por Jesús. La presencia de misioneros católicos en Corea del Sur es quizá una sorpresa dado que se trata de un país del primer mundo, avanzado desde el punto de vista tecnológico y económico. No obstante, en todos los países es necesario el amor de Jesús y especialmente aquí, entre los jóvenes, nuestra misión es importante. La sociedad coreana es muy exigente, los jóvenes viven en ambientes extremadamente competitivos que producen altos niveles de estrés y mucha tristeza. Los jóvenes no tienen el tiempo de soñar y de pensar en sí mismos o en el significado de sus vidas, mientras están tan empeñados en estudiar para tener un buen currículum.

Mi misión en Corea es, sobre todo, la de estar cerca de los jóvenes y estar dispuestos a escucharlos. Estamos aquí para mostrarles la belleza del plan de Dios para cada uno de nosotros. Dios quiere que seamos felices, que tengamos una vida llena de significado. Dios quiere que descubramos nuestra vocación en este mundo. Los misioneros tenemos una gran tarea: mostrar a los jóvenes, con el testimonio, que es posible encontrar la felicidad cuando entregamos totalmente nuestra vida a los demás, sirviendo a los pobres y trabajando por un mundo de justicia y paz.

Los misioneros por nuestra parte seguimos este camino de la Navidad cada día de nuestra vida acercándonos a pueblos que no son los nuestros para hacerles sentir que Dios está con ellos.

Desde este extremo de la tierra os deseo una Navidad llena de la presencia de Jesús y que empecéis el 2019 con esperanza, gratitud y paz.

 

Esther Palma
Misionera Servidores del Evangelio en Corea del Sur

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