Podemos pensar por un momento, en los motivos de la primera Navidad, como quisiéramos saber los deseos y sentimientos que tendría el corazón del Hijo Dios, para decidirse a despojarse de su condición divina y asumir nuestra condición humana para salvarnos.

Inimaginable, cuando nuestra mentalidad humana, tiende más bien a realizar lo contrario de lo que Jesús hizo, en vez de hacer camino de ascenso, hace de descenso, un Dios que se rebaja tanto, dejar su riqueza para asumir la pobreza, siendo poderoso se hizo débil y frágil, viene para servir y no para ser servido, “…y pasó por uno de tantos” (Flp 2, 7).

 

CONTEMPLA: José y María, caminan como uno de tantos a empadronarse en Belén, como uno de tantos en la caravana, de modo que cuando llegan a Belén, no encuentran posada para nacer su hijo primogénito, y tiene que nacer no como uno de tantos, sino como alguien especial, nacer en un establo y recostado en un pesebre. (Cfr. Lc. 2, 7); pero nadie sabía que fue concebido en el seno de la Virgen María, no como uno de tantos, sino por obra del Espíritu Santo, y por el Sí de la Virgen María, Misterio para contemplar.
Su actuar, no fue el de uno de tantos, fue único, nadie había hecho lo que Él hizo, tanto amó Dios al mundo, que le envió a su Hijo único”. (Jn. 3, 16), al que más amaba.
A nosotros, que tanto nos cuesta desprendernos de las cosas que amamos o tenemos, Jesús será ejemplo de desprendimiento, despojarse de su rango de Dios, para hacerse hombre entre nosotros.

 

APRENDE: Nuestro mundo estaba herido de muerte por el pecado, necesitaba salvarse, estaba condenado y necesitaba ser redimido, Dios que por amor había creado este mundo tan bello, con la vida de animales y plantas, con sus ríos y sus mares, con sus flores y sus estrellas, con la vida del hombre y la mujer, todo tan bonito, y “todo lo hizo bien“. No podía ver morir, lo que había creado con tanto amor, no podía ver morir la sonrisa del niño, la alegría del joven, el amor de una madre, el sudor de un padre, pisotear una flor o callar el canto del pájaro, no podía acabar en una noche sin estrellas, ni en un día sin amanecer, su amor le lleva a bajar del cielo a la tierra y hacerse hombre como uno de nosotros. Contemplar el amor de Dios en la Navidad, es todo un aprendizaje, es aceptar el misterio del amor que nace en un niño, el amor de una madre que abraza a su hijo, o un padre que le besa en su frente y no entiende el cómo, contempla y sonríe.

 

AGRADECE: Cuando uno sabe lo mucho que han hecho por él para salvarle, no puede menos de ser agradecido y de decir: gracias por la vida que me diste, gracias porque me salvaste.
Esta Navidad nos abre a un año ecológico que nos habla, que hombre y tierra, forman una misma realidad, dos caras de la misma moneda en que el uno cuida del otro, mutuamente, a los dos Dios les creó. Dios crea por amor y para amar, somos creados a imagen de Dios y Dios es amor.
Este año nos abre a un nuevo Sínodo, el Papa convocó para toda la Iglesia un sínodo sobre la vida de la Amazonía. Una que es una de las pocas cosas que quedan en su estadio natural, de aquel primer mundo que Dios creó para todos, la Amazonía, vida exuberante, donde vive una minoría de pueblos y Dios también se encarnó en la cultura de estos pueblos, hace falta tener el respeto a esta tierra sagrada creada por Dios, descubrir las semillas del Verbo en esta Amazonía, pulmón del planeta de la que depende también la mayoría de los humanos de la tierra es todo un reto.

En esta Navidad oramos por los deseos del Papa y de esta Iglesia, “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral” es el título que el Papa ha dado a este Sínodo amazónico.

Que la Navidad nos ayude abrir nuevos caminos para que Jesús vida nueva llegue a todos los hombres. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo 2019

 

Mons. Rafael Cob García
Obispo Vicario Apostólico de Puyo