OMPRESS-MADRID (24-2-20). Es el deseo del IEME para celebrar cien años de entrega: que todas nuestras Iglesias locales ofrezcan sacerdotes a la misión. Así puede resumirse lo expresado el pasado viernes 21 de febrero en el Aula Magna del Seminario Conciliar de Madrid, donde tuvo lugar uno de los actos con los que el Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME) está celebrando su centenario (1920-2020).

Presentó y contextualizó el encuentro Isidoro Sánchez, responsable del Departamento de Formación del IEME. Este recordó la trascendencia histórica del nacimiento de esta institución, surgida por el llamamiento del papa Benedicto XV a los obispos españoles para facilitar que los sacerdotes diocesanos se sumaran a la gran labor misionera ad gentes tradicionalmente realizada por las congregaciones religiosas. Isidoro Sánchez terminó con un encendido llamamiento: “Ninguna diócesis sin misioneros y sin sacerdotes diocesanos en misiones”.

El profesor de la Facultad de Teología de Burgos Eloy Bueno de la Fuente pronunció a continuación la conferencia “El IEME, un don para la Iglesia”, presentada con un explicativo y provocador antetítulo: “Salimos o nos ahogamos”. En sus primeras palabras se refirió al don, al carisma del que es portadora esta institución misionera, y explicó por qué “si no existiera el IEME, faltaría algo esencial en la vida de la Iglesia”. “El carisma”, afirmó, “siempre tiene un componente de profecía” que, en este caso, tiene que ver con confrontar a la Iglesia con su origen y su futuro. Más concretamente, si “la Iglesia entera y en todos sus miembros debe mostrar esta disponibilidad y este servicio” que caracterizan a la misión, también era necesario que esto se visibilizara respecto al obispo “junto a su presbiterio”. Recordando la invitación del papa Francisco en Evangelii gaudium a poner en marcha procesos y no pretender dominar espacios, constató que el IEME, a instancias de Benedicto XV, generó un proceso significativo en la vida misionera de nuestras Iglesias.

Por su parte Luis Carlos Rilova, sacerdote de la diócesis de Burgos recién llegado de Zimbabue, ofreció su testimonio personal de “la alegría de ser misionero y de pertenecer al IEME”. Ante las posibles vacilaciones respecto a entregarse a la vida misionera ad gentes, su experiencia es clara: “Hay que lanzarse, hay que dar el salto”. Rilova insistió en la centralidad del anuncio del Evangelio, ya que, según dijo, “si la reducimos a la cooperación económica o al compromiso humanitario, nos perdemos la esencia de la misión”. El acto concluyó con unas palabras de agradecimiento de Luis Ángel Plaza, director general del IEME.