OMPRESS-BURGOS (3-07-19) Desde este lunes hasta mañana jueves está teniendo lugar en la ciudad de Burgos la conocida Semana de Misionología. La jornada de ayer comenzaba con la reflexión sobre el impacto que produjo en las congregaciones religiosas la encíclica Maximum Illud, cuyo centenario se celebrará en el próximo Mes Misionero Extraordinario de octubre.

El profesor Eloy Bueno, de la Facultad de Teología de Burgos, fue el encargado de presentar el documento en su contexto. En un momento de cierto desánimo, tras la Primera Guerra Mundial, el documento de Benedicto XV produjo una auténtica “eclesiogénesis” en los “países de misión”. La mirada colonial de las potencias europeas, ratificada en el Pacto de Versalles (1919), también estuvo presente en la acción misionera de la Iglesia. El documento de Benedicto XVI supuso una promoción de las iglesias jóvenes que poco a poco surgirían en África y América Latina. Esa misma actitud “colonial” influyó en las congregaciones religiosas que “se repartieron la acción evangelizadora sobre África como si de un pastel se tratara”. Un pedazo para jesuitas, otro para dominicos, otro para claretianos, más allá para los combonianos. Así de contundente se mostró el profesor de la Facultad de San Dámaso (Madrid), el dominico Miguel Angel Medina. A partir de este análisis expuso la transformación de las diferentes congregaciones, muchas de ellas convertidas ahora en “familias”, como es el caso dominicano.

Tras las dos ponencias tuvo lugar el acto más emotivo de la jornada. En el claustro de la Facultad de Teología, tenía lugar un homenaje a los doce misioneros mártires burgaleses. Desde finales del s. XIX, la sangre mártir burgalesa está presente en los cinco continentes, repartida por lugares como Vietnam, Argel, Ruanda, Zaire, Guatemala, El Salvador, etc. Doce rosas, un poema y la elegía de un violín fueron el sentido homenaje a estos héroes de la fe. El acto con los misioneros de Burgos, presidido por el obispo misionero burgalés Mons. Jesús Ruiz Molina, se va a convertir en tradición dentro de la Semana. En sucesivas ediciones se hará algo similar con el resto de diócesis españolas.

La mesa redonda de la tarde recogía el testimonio de tres misioneros. Alberto de la Portilla, coordinador internacional de laicos combonianos, presentó la transformación de la Congregación de Daniel Comboni, fundada a finales del siglo XIX, tras el documento de 1919. A pesar de las amenazas, a pesar de los fracasos, Daniel Comboni insistía en “no abandonar” porque “África sólo puede ser salvada desde África”, expresión precursora de lo que recogería veinte años después la encíclica Maximum Illud.

Las palabras del comboniano dieron paso a las de la mercedaria de Bérriz, la hermana Amaya Modrego, quien presentó cómo unas religiosas de clausura, fundadas por Margarita Maria López de Maturana, se transformaron en misioneras: “Estoy tan feliz que no me explico cómo viven los que para Dios no viven”, decía la fundadora.

La tercera intervención correspondió al obispo burgalés en República Centroafricana Mons. Jesús Ruiz Molina. Muy conocido tras sus declaraciones ante la reciente muerte de la religiosa burgalesa Inés Nieves Sancho. Presentó la dificultad de vivir la fe y sobrevivir en el país centro africano insistiendo que la misión tiene que “ir del Sur al Sur no del Norte al Sur”. A la vez que presentaba la situación de una iglesia joven – tan sólo 90 años –que hace 25 años estaba poblada de sacerdotes y obispos europeos y ahora apenas llega a la veintena. Denunció el nuevo colonialismo de Rusia, de China y de India, patente en su acción sobre el segundo pulmón del planeta: el río Congo y la alteración de su cauce para la obtención de diamantes: “No hay evangelización sin justicia social, ecología y flujos migratorios”. Recordó una vez más la identificación del misionero con la cultura y con las personas del lugar. El eslogan tan conocido “no estamos en África, sino que somos y hacemos África” resonó una vez más en el aula con más de 140 participantes.