OMPRESS-JAVIER (28-02-19) Del 4 al 12 de marzo muchos fieles y comunidades de todo el mundo se unen a la celebración de la Novena de la Gracia en honor del patrono de las misiones, San Francisco Javier. Se trata de una práctica de piedad que coincide con la época de las famosas Javieradas pero que cuyo origen se remonta a mucho antes.

Esta novena, que se celebra en muchos lugares de España y del mundo, sobre todo en las parroquias que tienen como titular al santo de Javier, tuvo su origen en un milagro atribuido a su intercesión. En 1633, el padre Marcelo Mastrilli, de la Compañía de Jesús, a punto de morir a raíz de un accidente, hizo voto en honor de San Francisco Javier de ir a las misiones en Oriente si se le concedía el restablecimiento de su salud. Una noche se le apareció el santo animándole a cumplir su voto y le anunció que, como misionero, sufriría el martirio en el Japón. Su salud se restableció y partió como misionero. Moriría en Japón, como se le había predicho, en concreto, en el Monte Unzen, el volcán donde se torturó a tantos cristianos antes de ser arrojados a las aguas en ebullición que lo rodeaban.

El padre Mastrilli fue quien popularizó la Novena de la Gracia, asegurando la especial ayuda del santo misionero a cuantos le invocasen. Más tarde, otro jesuita, el padre Alejandro Filipucci, también curado por el santo en 1658, compuso la novena y fijó como fecha para su realización del 4 al 12 de marzo, aniversario de su canonización. Consta de una oración a San Francisco Javier, una Padrenuestro y un Avemaría, rezados durante estos nueve días seguidos, hasta el 12 de marzo. En estos días se reza “pidiendo una gracia especial, si nos conviene”.

La devoción se ha divulgado en muchos lugares del mundo, sobre todo en la India. Se la conoce como la Novena de la Gracia “por su grande y comprobada eficacia en las necesidades de la vida presente”, en palabras del Papa San Pío X. Incluso la que sería la patrona de las misiones, junto al santo navarro, Santa Teresa del Niño Jesús, como carmelita descalza, vivió en su convento la novena de la Gracia. Según cuenta su hermana María Luisa, también carmelita: “En 1896 – la santa moriría en 1897 -, del 4 al 12 de marzo hizo la Novena a San Francisco Javier. Ella me dijo: ‘He pedido la gracia de hacer el bien después de mi muerte, y ahora estoy segura de haberlo conseguido, porque por medio de esta Novena se obtiene todo aquello que se desea’”.