OMPRESS-ROMA (1-07-19) El Papa Francisco recordaba ayer en el Ángelus, que nuestra “misión en el mundo no puede ser estática, sino itinerante. La Iglesia por su naturaleza está en movimiento”. Comentando el Evangelio del domingo, con las tres “vocaciones” o personajes que se presentan ante Jesús, que dejan claro que se pide “a quien quiere seguir a Jesús hasta el final, totalmente”.

Al “te seguiré a dondequiera que vayas” del primer personaje, Jesús responde que “no tiene donde responsar la cabeza”. Es la pobreza absoluta de Jesús, que “ha dejado la casa paterna y ha renunciado a cualquier seguridad para anunciar el Reino de Dios a las ovejas perdidas de su pueblo. Jesús ha indicado así a nosotros sus discípulo que nuestra misión en el mundo no puede ser estática, sino itinerante. La Iglesia por su naturaleza está en movimiento, no se queda sedentaria y tranquila en su propio recinto. Está abierta a los más vastos horizontes, enviada – ¡la Iglesia es enviada! – a llevar el Evangelio por las calles y a alcanzar las periferias humanas y existenciales”.

Al “déjame primero ir a enterrar a mi padre” del segundo personaje presentado por el Evangelio, Jesús replica “deja que los muertos sepulten a sus muerte”. Porque, explicaba el Papa Francisco, “la urgencia de comunicar el Evangelio, que rompe la cadena de la muerte e inaugura la vida eterna, no admite retardos, sino que requiere prontitud y disponibilidad”.

Al tercer personaje y su condición de antes despedirse de sus padres, Jesús contesta con: “nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, vale para el Reino de Dios”. Explica el Papa que el seguimiento “de Jesús excluye replanteamientos y miradas atrás, requiere por el contrario la virtud de la decisión”. La itinerancia, la prontitud y la decisión no consisten “en una serie de ‘noes’ a cosas buenas e importantes de la vida. El acento está puesto más bien en el objetivo principal: ¡convertirse en discípulo de Cristo! Una elección libre y consciente, hecha por amor”. Se trata de “una pasión del corazón que se traduce en gestos concretos de proximidad, de cercanía a los hermanos más necesitados de acogida y de cuidado. Precisamente como Él mismo ha vivido”.