OMPRESS-MYANMAR (14-05-20) El cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, Myanmar, y presidente de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia, ha plasmado en un mensaje a las Obras Misionales Pontificias de Alemania sus reflexiones sobre la pandemia. En él explica que el impacto en Myanmar hasta ahora ha sido más lento, pero eso solo puede significar que durará más. El impacto varía de un país a otro, según la geografía, los controles fronterizos y las decisiones de los gobierno, además de la disposición de los sistemas de salud pública. “Estos son tiempos de prueba para todos”, dice al arzobispo de Yangon, “en cualquier caso, los más afectados son aquellos que no pueden aislarse socialmente, que no tienen agua para lavarse, que han perdido sus empleos y, por lo tanto, no tienen ingresos diarios, que regresan a su país como trabajadores migrantes desempleados y hambrientos, que no tienen gobiernos que los cuiden”.

Ante la pregunta que todo el mundo se hace de cuándo terminará todo para que podamos volver a la normalidad, el cardenal Bo responde que nunca. No terminará “no sólo en el sentido de que las cosas ya nunca serán como fueron, sino también en el sentido de que lo que ahora hagamos permanecerá. Asia ha visto muchos conflictos interminables, guerras y crisis, el tsunami, el ciclón Nargis y frecuentes y devastadores tifones. Sabemos que cada crisis nos ha cambiado. Todos los países del mundo se ven afectados esta vez. Esto cambiará nuestro mundo profundamente. La política cambiará. Las relaciones internacionales serán diferentes”.

Antes del virus corona, el mundo estaba lleno de problemas serios, explica el cardenal Bo. La desigualdad existía entre y dentro de las naciones. Pero, “muchas decisiones y prácticas que se toman en tiempos de crisis se vuelven permanentes”. Es algo que se aplica a los gobiernos pero también a las cosas diarias. “Cómo te comportas ahora, los pasos que des ahora te acompañarán a lo largo de tu vida. Cómo vives en familia, cómo te relacionas o esquivas a tus vecinos, cómo te divierte y cómo descansas”. Así que nuestra vida, señala el arzobispo de Yangon, ya no seguirá como si nada hubiera ocurrido: “La pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué tipo de mundo queremos tener cuando termine la tormenta?”.

“¿Por qué hemos permitido tanta división en el mundo? ¿Por qué se ha permitido que el conflicto consuma Myanmar durante tantas décadas? ¿Por qué partes de Filipinas y de Asia están expuestas a tantas disputas? ¿Por qué tenemos las guerras más duraderas del mundo en Asia? Si miramos nuestra historia pasada, deberíamos preguntarnos, ¿por qué no se crearon vínculos más fuertes de los que hicimos? ¿Por qué millones tienen que emigrar al extranjero solo para poder vivir? Ahora que están perdiendo sus empleos en el extranjero, miles están volviendo a casa, de regreso a las aldeas que abandonaron por desesperación. ¿Podemos construir una economía desde ahora que tenga un lugar para todos y en la que la gente esté primero? ¿Podemos desarrollar una solidaridad que sea duradera? ¿Un deseo por el bien común basado en el respeto?”.

Este es el momento, añadía, para llevar la bondad, la misericordia y el amor de Dios a nuestro mundo. En cada crisis surge la tentación de esperar. Pero las soluciones no se revelarán esperando. Como Amartya Sen (economista y filósofo indio) y muchos otros han dicho, de este período de aislamiento, puede surgir una sociedad mejor. No te cruces de manos y esperes. No niegues la realidad. Tenemos que actuar de manera proactiva”. Se trata de imaginar un mundo distinto y prepararse para ello: “Arundhati Roy (escritor indio) dice que covid-19 es un ‘portal’, un pasaje, un momento de ruptura entre lo viejo y lo nuevo, de un mundo, en el que unos pocos tienen privilegios y muchos están descuidados, a un mundo distinto, en el que se reconoce la dignidad de toda persona humana”.