OMPRESS-MÉXICO (19-06-19) Ante la terrible situación de tantos emigrantes centroamericanos que atraviesan México, la Conferencia Episcopal Mexicana ha publicado un mensaje, con motivo del acuerdo firmado entre su país y Estados Unidos en materia arancelaria y política migratoria.

Este acuerdo ha llevado a un despliegue de fuerzas de seguridad sin precedentes – seis mil efectivos – en la frontera sur de México. La Iglesia mexicana considera que este despliegue “no es una solución de raíz que atienda a las verdaderas causas del fenómeno migratorio. El combate a la pobreza y a la desigualdad en México y en Centro América pareciera quedar sustituido por el temor ante el otro, nuestro hermano. Si hemos rechazado como mexicanos la construcción de un muro no podemos convertirnos nosotros mismos en ese muro”.

Se celebra el acuerdo alcanzado, “que evita graves e injustas afectaciones económicas a nuestro país, y animamos a los responsables de las negociaciones, para que el diálogo continúe y exprese los valores fundamentales de dos países democráticos: el respeto a los Derechos Humanos, la solidaridad entre los pueblos y el trabajo por el bien común de nuestra región”. No obstante, insiste el texto, “nuestros hermanos migrantes nunca deben ser moneda de cambio. Ninguna negociación debe colocarse por encima de lo que la Iglesia y la sociedad civil han defendido por años: la no criminalización de los migrantes ni de los defensores de derechos humanos que muchas veces luchan a favor de la dignidad a contra corriente y con riesgos importantes para su propia seguridad”.

Miles de emigrantes están esperando cruzar a los Estados Unidos huyendo de la violencia y la miseria en sus países de origen. Muchos son detenidos y deportados a México, algo que ha aumentado bajo el programa unilateral norteamericano “Quédate en México”. Esta situación pone a los emigrantes centroamericanos en grave riesgo en las ciudades fronterizas mexicanas. “No podemos ser indiferentes al dolor”, señalan los obispos mexicanos. “La Iglesia católica en México está convencida de que es necesaria una justa política migratoria que, por un lado, garantice un libre tránsito de personas ordenado, regulado y responsable; y por otro lado vele por los intereses legítimos de los miembros de nuestra nación. Así mismo, estamos convencidos de que los mexicanos debemos estar unidos al enfrentar este y otros desafíos globales. Sin embargo, la unidad de los mexicanos no debe construirse al margen de la fraternidad entre los pueblos. Somos todos países complementarios e interdependientes”.

Por todo ello se pide a los gobiernos de México y de Estados Unidos que no caigan en la “fácil tentación del chantaje o la amenaza”. La Iglesia mexicana seguirá comprometida “sin titubeos brindando a los migrantes la ayuda humanitaria que requieren en su tránsito por nuestro territorio nacional. Por lo que manifestamos nuestro respeto y reconocimiento a los miles de hombres y mujeres de la Iglesia católica, de otras iglesias y de la sociedad civil, que por décadas han defendido a riesgo de su vida, los derechos fundamentales de los migrantes en México, Estados Unidos y Centro América”.