OMPRESS-MOZAMBIQUE (25-03-19) El Papa nombraba el viernes al misionero de la Consolata, Diamantino Antunes, nuevo obispo de Tete, Mozambique. Este misionero portugués de 53 años, Albergaria dos Doze, en Leiria, comenzó su labor misionera en Mozambique, en la zona de Maúa, en el norte del país, en 1992, antes de ser ordenado sacerdote. En la actualidad era superior regional de los Misioneros de la Consolata en Mozambique y Angola.

Que su nombramiento como obispo se hiciera público un 22 de marzo tiene un especial significado para este misionero porque fue precisamente en esa fecha, cuando tuvo lugar el martirio de los catequistas de Guiúa, en 1992. Su causa de beatificación la ha llevado como postulador el padre Diamantino estos años.

En declaraciones a “Fátima Misionera”, el órgano oficial de comunicación del Instituto Misionero de la Consolata en Portugal el padre Diamantino decía que su primera palabra, dada las inundaciones y pérdidas sufridas en el país, no podía ser otra que comunión: “Comunión con el pueblo de nuestra Provincia Eclesiástica de Beira, de la que la diócesis de Tete forma parte, que vive una situación de sufrimiento y angustia tras el paso del ciclón IDAI y las inundaciones subsiguientes. Comunión con todos los que sufrieron los efectos de la calamidad que se abatió sobre las provincias de Sofala, Chimoio y en algunas zonas de la provincia de Tete y de la provincia de Zambezia. Muchos se quedaron sin sus seres queridos, sin casa y sin bienes. El momento que atravesamos nos convoca a la unión, a la oración y a la acción”. Recordó que Tete fue una de las primeras zonas de Mozambique a la que los misioneros llevaron el Evangelio.

Se trata de una diócesis con una superficie de 100.724 kilómetros cuadrados y una población de 2.764.169 habitantes, con un 23% de católicos. La diócesis está situada en la parte central de Mozambique, como una lengua de territorio que se adentra en el continente, rodeada por tres países, Zambia al norte, al este de Malawi y, al oeste, Zimbabue. Fue aquí donde los Misioneros de la Consolata, la congregación del nuevo obispo, iniciaron su actividad misionera en 1926.