OMPRESS-REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (13-02-18) Mientras en Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo, se continúa con la crisis política que ha desatado la negativa del presidente Kabila de abandonar el poder, al otro lado del país sigue la violencia. En la región de los grandes lagos, a dos mil kilómetros de la capital, se suceden los enfrentamientos étnicos, que parecen eco de las violencias que se desataron en la zona entre 1998 y 2003 y que dejaron miles de muertes.

Mons. Dieudonne Uringi, obispo de Bunia, en la zona de conflicto, ha hecho un llamamiento este domingo para que se ponga fin a toda violencia. Recordaba el obispo que en diciembre casi se había llegado a un acuerdo de pacificación en el conflicto étnico entre los hema y los lendu, en el territorio de Djugu. Esa esperanza de acuerdo ha desaparecido tras los acontecimientos que han tenido lugar en esta zona del este del Congo del 2 al 10 de febrero: asesinatos de personas, en su mayoría mujeres y niños – en total 60 muertos –, incendios de hogares, desplazamientos masivos internos y externos de personas…

El obispo pide a los habitantes de Djugu que “salvemos nuestra fraternidad para construir juntos no sólo nuestra diócesis y nuestra joven provincia, sino también nuestro querido país, la República Democrática del Congo”. Pide que denuncien “a los manipuladores que nos instrumentalizan para sus intereses egoístas, no cedamos al espíritu de venganza, de violencia, de odio y de resentimiento identitario”. “No nos sometamos a movimientos espirituales que difunden la división, el odio, la venganza, el terrorismo y la guerra”.

Mons. Uringi denuncia sobre todo que “estas atrocidades, que tienen lugar después de las de Tanganyika, de Kivu Norte y de Kasai, no son una guerra interétnica, sino el fruto de la instrumentalización y manipulación de una camarilla de personas de Ituri y de fuera”.