OMPRESS-VENEZUELA (29-05-20) Los prelados dan voz al “inmenso clamor que sube al cielo ante el desamparo de millones de hombres y mujeres sin recursos económicos, sin comida, sin medicinas, sin trabajo, sin servicios adecuados de electricidad, agua, transporte, gas doméstico y combustible”. En un mensaje hecho público ayer, 28 de mayo, los obispos de Venezuela vuelven a llamar la atención una vez más sobre la terrible situación social, sanitaria y de subsistencia que vive el país, agravada ahora por la pandemia.

“Estamos viviendo momentos muy problemáticos en nuestro país; por una parte, compartimos con el mundo entero la grave situación de la pandemia del COVID-19 que se extiende masivamente en el país, pero, por otra parte, sufrimos los estragos de los graves problemas económicos, políticos y sociales que se intensifican cada día más generando sufrimiento e incertidumbre en la población”, señalan en el mensaje. “Compartimos esta dramática situación de dolor, violencia, y sufrimiento que padece la inmensa mayoría de los venezolanos y que hemos calificado como moralmente intolerable”.

Agradecen, no obstante, “a los médicos, enfermeras y trabajadores del sector salud, por los esfuerzos que están haciendo al prestar la debida asistencia a los enfermos, sin contar muchas veces con los medicamentos, equipos e insumos en los centros de salud para evitar el contagio ni con la necesaria agilización del expendio de combustible para el cumplimiento de sus funciones”. Cuentan los obispos en el mensaje, cómo la Iglesia, a través de las “caritas”, a nivel parroquial, diocesano y nacional, sigue comprometida en la atención a las personas más vulnerables, distribuyendo medicinas y alimentos en la medida de sus posibilidades. Y es que, los obispos venezolanos “escuchamos en medio de la cuarentena social un inmenso clamor que sube al cielo ante el desamparo de millones de hombres y mujeres sin recursos económicos, sin comida, sin medicinas, sin trabajo, sin servicios adecuados de electricidad, agua, transporte, gas doméstico y combustible. Nuestro pueblo, todo, sin distinción, está inmerso en una cadena de calamidades”.

Los obispos ven “al país a la deriva, sin planes económicos ante la posibilidad del cierre de empresas y que muchos trabajadores queden sin empleo; igualmente ocurre con los trabajadores de la economía informal que son la mayoría de ellos. Sin el sustento diario, habrá más hambre y sufrimiento en las familias. El país está cerca de una quiebra económica de grandes proporciones. El malestar de la gente por las múltiples carencias se ha expresado en diversas protestas que, en ocasiones, han sido reprimidas con violencia, pero no se puede contener el hambre con represión”. Denuncia el hostigamiento a algunos líderes comunitarios, periodistas y médicos, e incluso la persecución y el encarcelamiento, sin el debido proceso, de algunos activistas políticos. “Es inaceptable que continúe la situación que vivimos”, “la inmensa catástrofe nacional, material, institucional y social que padecemos”, es necesario “un cambio fundamental que, partiendo de las necesidades y deseos del pueblo mayoritariamente sufriente, violentado en su dignidad y derechos, asuma en ejercicio de su soberanía el protagonismo de su propio destino de justicia, libertad y paz, todo esto enmarcado en el respeto a los derechos humanos y a la justa institucionalidad”.

“No es eliminando al que piensa diferente que se saldrá de esta crisis”, siguen denunciando. “Llamamos, pues, escuchando a nuestro pueblo, a un acuerdo nacional inclusivo de largo alcance que salve a Venezuela de la gravísima crisis en la que se encuentra sumergida y a iniciar procesos para rescatar y recuperar el país social, política y económicamente. Dejar el radicalismo y el favoritismo para pensar en los demás, en los pobres, en los olvidados de siempre, para que Venezuela vuelva a tener esperanza en la que todos cabemos sin distingos. La insostenibilidad moral de la situación actual exige ese cambio radical, ir a la raíz, al fondo, en función de la vida, libertad, solidaridad, fraternidad, exigidas por el Dios del amor y por la confesión de fe en la dignidad y fraternidad humanas”.