Texto de la Ofrenda al Apóstol Santiago por  Anastasio Gil García, Director Nacional de OMP España.

 Apóstol Santiago:

Queremos, ante todo, darte las gracias por congregarnos ante tu glorioso sepulcro y poder experimentar, a través de la presencia física de algunos misioneros y misioneras gallegos, lo que vivimos habitualmente en el corazón: nuestra cercanía y apoyo a tantos hermanos nuestros enviados al mundo desde estas Iglesias de Galicia.

En esta hermosa ciudad, que se honra en custodiar tus restos y en abrir los brazos a quienes peregrinan para postrarse ante ellos, se muestra estos días una exposición sobre la realidad de la misión hoy. En ella se recoge el testimonio de un misionero que, tras hacer el Camino decía: “Santiago ha sido para mí meta e inicio de mi ruta misionera; Santiago ha renovado mis fuerzas para continuar”.

Que también nosotros podamos hoy, ante ti, reparar nuestras fuerzas y recibir un nuevo impulso del Espíritu Santo; ese Espíritu que, como un viento impetuoso, os arrastró a ti y a los demás apóstoles “hasta el confín de la tierra”, y que sigue siendo, hoy como entonces, el protagonista de la misión.

Enséñanos, Señor Santiago, a saber mostrar a todos la belleza de la vida misionera: el camino del anuncio y de la entrega, el camino de la oración y de la esperanza, el camino del asombro y de la apertura a los demás, el camino de los pobres y de los sencillos, el camino del Crucificado y Resucitado.

Tú, que fuiste el primero de los apóstoles en beber el cáliz del Señor, haznos sensibles al testimonio de los misioneros mártires, que han dado su sangre por Cristo para que toda persona tenga la posibilidad de alcanzar el tesoro la fe. Que nuestro corazón vibre también ante el ejemplo de tantos otros misioneros y misioneras que entregan su vida día a día y nos muestran esa misma fe encarnada en la caridad, el servicio y el desprendimiento.

Por tu mediación queremos ofrecer hoy al Señor el quehacer de las Obras Misionales Pontificias en favor de los misioneros. Obtén para nosotros el que no busquemos en esta tarea un éxito humano, ni otra compensación que el poder realizar alegres la hermosa labor de la animación y cooperación misionera del pueblo de Dios, que de un modo especial se nos ha encomendado.

Apóstol Santiago: tú, que, como escribió apasionadamente tu hermano Juan, te pusiste en camino para comunicar “lo que oíste, lo que viste con tus propios ojos, lo que contemplaste y palparon tus manos”, acompaña ahora a todos los misioneros y misioneras en su peregrinación hacia Cristo, presente en los más necesitados de este mundo.

Querido y venerado Santiago, apóstol y misionero, ruega por nosotros.

Anastasio Gil
Director Nacional de Obras Misionales Pontificias España

 

escort corlu escort fethiye escort antalya escort kemer