OMPRESS-ROMA (6-05-20) Es el título del documento presentado ayer por la Santa Sede, que quiere dar visibilidad a esta triste realidad, ser refugiados en su propio país, que sufren 50 millones de personas en el mundo. La presentación de Orientaciones Pastorales sobre los Desplazados Internos, que por ahora sólo se presenta en italiano, tuvo lugar por streaming desde la Sala Marconi de Palazzo Pio, sede de Vatican News. En la presentación participaron: el Cardenal Michael Czerny, S.J., Subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; el padre Fabio Baggio, C.S., Subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del mismo Dicasterio; y la Dra. Amaya Valcárcel, Coordinadora Internacional de advocacy del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), Oficina Internacional, de Roma.

El documento responde a la preocupación manifestada por el Papa Francisco desde el inicio de su pontificado, “acompañar a todas las personas que de una manera u otra se ven obligadas a huir”. Las orientaciones, aprobadas por el Santo Padre, están destinadas a orientar el ministerio de la Iglesia con los desplazados internos, en la planificación y el compromiso práctico, en la promoción y el diálogo. Se agrupan en torno a los cuatro verbos con los que el Papa ha querido sintetizar la pastoral de los migrantes: acoger, proteger, promover e integrar.

Con ellas se pretende que los más de 50 millones de desplazados internos actuales sean reconocidos y apoyados, promovidos y reintegrados, para que puedan desempeñar un papel activo y constructivo en su país, incluso si causas poderosas, tanto naturales como humanas injustas, los han obligado a huir de sus hogares y a refugiarse en otro lugar. Según los datos más recientes del Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC, 2020), en 2019 se registraron 33,4 millones de nuevos desplazados internos en todo el mundo. 8,5 millones se vieron obligados a abandonar sus hogares debido a conflictos de diversa índole, mientras que 24,9 millones lo hicieron debido a catástrofes.

Recogiendo los “cuatro verbos”, al primer verbo, “acoger”, se asocia un primer reto constituido por la frecuente invisibilidad de los desplazados internos, lo que, junto con la falta de datos y la ausencia de su reconocimiento formal, aumenta su vulnerabilidad. Al segundo verbo, “proteger”, se le atribuye un segundo reto planteado por la falta de instrumentos internacionales de protección. Concretamente, se considera el aumento de la vulnerabilidad de las personas ya frágiles, la proliferación de la trata y las condiciones de riesgo en las zonas urbanas y los campos de refugiados. Bajo el tercer verbo, “promover”, el documento introduce el desafío de la inclusión socioeconómica, que necesariamente implica el reconocimiento y la identificación personal. El tratamiento del último verbo, “integrar”, comienza con el reto de elaborar soluciones duraderas, que prevean tanto la integración de las personas desplazadas en las comunidades de acogida como, de ser posible, su retorno a casa.