OMPRESS-MYANMAR (1-12-17) El Papa Francisco tenía un encuentro ayer con los jóvenes católicos de Myanmar en la Catedral de la Inmaculada Concepción de Yangón, última etapa de su viaje a este país asiático, antes de partir a Bangladesh, donde estará hasta mañana sábado.

El Papa agradecía a los jóvenes de Myanmar su presencia: “Vosotros sois una buena noticia, porque sois signos concretos de la fe de la Iglesia en Jesucristo, que nos hace experimentar un gozo y una esperanza que nunca morirán”. Pero no ocultaba que “algunos se preguntan cómo es posible hablar de buenas noticias cuando tantas personas a nuestro alrededor están sufriendo. ¿Dónde están las buenas noticias cuando hay tanta injusticia, pobreza y miseria que proyectan su sombra sobre nosotros y nuestro mundo? Quiero que de aquí salga un mensaje muy claro. Quiero que la gente sepa que vosotros, muchachos y muchachas de Myanmar, no tenéis miedo a creer en la buena noticia de la misericordia de Dios, porque esta tiene un nombre y un rostro: Jesucristo”.

Aprovechando la lectura de la Carta a los Romanos, el Papa aprovechaba las tres preguntas que propone San Pablo en la misma para dirigírsela a los jóvenes presentes: “La primera, ¿cómo puede alguien creer en el Señor sin haber oído hablar de él? La segunda, ¿cómo puede alguien oír hablar del Señor sin un mensajero que lo anuncie? Y la tercera, ¿cómo puede haber un mensajero sin ser enviado?”.

Comentando la segunda, al cómo van a oír hablar del Señor sin un mensajero, les decía: “Esta es una gran tarea encomendada de manera especial a los jóvenes: ser «discípulos misioneros», mensajeros de la buena noticia de Jesús, sobre todo para vuestros compañeros y amigos. No tengáis miedo de hacer lío, de plantear preguntas que hagan pensar a la gente. Y no os preocupéis si a veces sentís que sois pocos y dispersos. El Evangelio siempre crece a partir de pequeñas raíces. Por eso haceos oír. Os pido que gritéis, pero no con vuestras voces, no, quiero que gritéis, para ser con vuestra vida, con vuestros corazones, signos de esperanza para los que están desanimados, una mano tendida para el enfermo, una sonrisa acogedora para el extranjero, un apoyo solícito para el que está solo”.

Y recordando que estaban en una catedral dedicada a la Virgen: “Con gran afecto os encomiendo a vosotros y a vuestras familias a su maternal intercesión. Y os pido, por favor, que os acordéis de rezar por mí. Dios bendiga a Myanmar (Myanmar pyi ko Payarthakin Kaung gi pei pa sei)”.