OMPRESS-ROMA (12-12-19) Ayer miércoles el Papa Francisco, en la Audiencia General, continúo su ciclo de catequesis sobre la evangelización a partir del libro de los Hechos de los Apóstoles. Centrándose en el pasaje de San Pablo, prisionero ante al rey Agripa, explicó cómo el sufrimiento marcó cada vez más el testimonio misionero de San Pablo: “Pablo no solo es el evangelizador lleno de ardor, el intrépido misionero entre los paganos que da vida a las nuevas comunidades cristianas, sino que también es el testigo sufriente del Resucitado”.

Un testigo que sigue su camino al llegar a Jerusalén, cuando se desata un odio feroz hacia él: “Como lo fue para Jesús, incluso para él Jerusalén es la ciudad hostil. Habiendo ido al templo, fue reconocido, llevado a ser linchado y salvado en extremo por soldados romanos”. Pablo, explicaba el Papa en su catequesis, se asocia “con la pasión de su Maestro, y su pasión se convierte en Evangelio vivo. Vengo de la Basílica de San Pedro y allí tuve una primera audiencia, esta mañana, con los peregrinos ucranianos, de una diócesis ucraniana. ¡Cómo se persiguió a esta gente, cuánto han sufrido por el Evangelio! Pero no negociaron la fe. Son un ejemplo. Hoy en el mundo, en Europa, muchos cristianos son perseguidos y dan la vida por su fe, o son perseguidos con guantes blancos, es decir, dejados de lado, marginados… El martirio es el aire de la vida de un cristiano, de una comunidad cristiana. Siempre habrá mártires entre nosotros: esta es la señal de que vamos por el camino de Jesús. Es una bendición del Señor que haya, en el pueblo de Dios, alguno o alguna que dé este testimonio de martirio”, insistía el Papa Francisco.

San Pablo es llevado ante el rey Agripa y su defensa “se convierte en testimonio de fe eficaz”. Cuenta su conversión y cómo Cristo Resucitado le ha confiado la misión entre las gentes. Su testimonio apasionado toca el corazón del rey, “¡un poco más y me convences de hacerme cristiano!”. Al apelar al César, comienza el viaje que llevará a Pablo hasta Roma y, a partir de ese momento “el retrato de Pablo es el del prisionero cuya cadenas son el signo de su fidelidad al Evangelio y de su testimonio del Resucitado”.

“Queridos hermanos y hermanas”, concluía el Papa, “Pablo nos enseña la perseverancia en la prueba y la capacidad de leer todo con los ojos de la fe. Pidamos hoy al Señor, por intercesión del Apóstol, que reavive nuestra fe y nos ayuda a ser fieles hasta el final en nuestra vocación de cristianos, de discípulos del Señor, de misioneros”.