OMPRESS-ROMA (2-12-19) Este sábado el Papa Francisco recibía a los participantes en el encuentro internacional “La Iglesia en salida”, que ha girado en torno a las repercusiones y perspectivas de su exhortación apostólica Evangelii Gaudium. En su intervención ha recogido varias de las propuestas recogidas en la misma. “Os lo digo de manera muy sencilla: la alegría del Evangelio surge del encuentro con Jesús, es cuando nos encontramos con el Señor que nos inunda ese amor del que solo es capaz”. La consecuencia es que a partir de ese momento “surge la necesidad de anunciarlo espontáneamente, se vuelve irreprimible, incluso sin palabras, con testimonio. Así comenzó la evangelización, en la mañana de Pascua, con una mujer-apóstol, María Magdalena, quien, después de conocer al Jesús resucitado, al Viviente, evangelizó a los Apóstoles”.

La experiencia de mucha gente de hoy en día no está muy lejos de la de María, insistía el Papa. “La nostalgia de Dios, de un amor infinito y verdadero, está enraizada en el corazón de todo hombre. Se necesita a alguien que ayude a reavivarla. Se necesitan ángeles que, como en el caso de María Magdalena, traigan buenas nuevas: ángeles de carne y hueso que se acerquen a enjugar las lágrimas, para decir en nombre de Jesús: no tengas miedo”. Y añadía: “Los evangelizadores son como ángeles, como ángeles custodios, mensajeros del bien que no dan respuestas rápidas, sino que comparte la pregunta de la vida, la misma que Jesús dirigió a María llamándola por su nombre: ¿A quién buscas? A quién estás buscando, no qué estás buscando, porque las cosas no bastan para vivir; para vivir se necesita el Dios del amor”.

Recordaba el Santo Padre que “quien evangeliza nunca pueden olvidarse que siempre está en camino, en búsqueda junto a los demás. Por eso, no puede dejar a nadie atrás, no puede permitirse mantener a distancia a quien renquea, no puede encerrarse en su grupito de relaciones cómodas”.

“Queridos hermanos y hermanas”, animaba el Papa Francisco, “no nos retenga el miedo a cometer errores y el miedo a recorrer caminos nuevos. En la vida todos nos equivocamos, todos. Es normal”, pero precisamente “nuestras pobrezas no son obstáculos, sino instrumentos preciosos, porque la gracia de Dios ama manifestarse en la debilidad”.

“Para no dejarnos robar el entusiasmo del Evangelio”, concluía el Papa, “invoquemos cada día al Autor, al Espíritu Santo, el Espíritu de la alegría que mantiene vivo el ardor misionero, que hace de la vida una historia de amor con Dios, que nos invita a atraer al mundo solo con amor y a descubrir que la vida se posee solo al donarla. Se posee en la pobreza de darla, de desvestirse de uno mismo. Y también con la sorpresa, el estupor de ver que antes de llegar nosotros, está el Espíritu Santo que ya ha llegado y nos está esperando allí”.