OMPRESS-ROMA (27-09-18) Con esta invocación a María concluía el Papa Francisco el mensaje que ha dirigido a los católicos chinos y a toda la Iglesia Universal en el que explica el significado y las consecuencias del reciente acuerdo entre la Santa Sede y el gobierno chino.

El Papa es consciente de las voces opuestas surgidas ante el acuerdo y las dudas surgidas al respecto: “En algunos, surgen dudas y perplejidad; otros, tienen la sensación de que han sido abandonados por la Santa Sede y, al mismo tiempo, se preguntan inquietos sobre el valor del sufrimiento vivido en fidelidad al Sucesor de Pedro”.

El Papa explicaba que el pueblo chino es “artífice y protector de un patrimonio inestimable de cultura y sabiduría, que se ha ido acrisolando resistiendo a las adversidades e integrando las diferencias, y que tomó contacto, no por casualidad, desde tiempos remotos con el mensaje cristiano”. Para lograr un encuentro auténtico y fecundo es necesario el diálogo, es decir, “conocerse, respetarse y ‘caminar juntos’ para construir un futuro común de mayor armonía”.

Es en este surco, continúa el Papa Francisco, donde “se coloca el Acuerdo Provisional, que es fruto de un largo y complejo diálogo institucional entre la Santa Sede y las Autoridades chinas, iniciado ya por san Juan Pablo II y seguido por el Papa Benedicto XVI”.

La primera cuestión a afrontar ha sido la de los nombramientos episcopales. “He reflexionado y rezado mucho buscando el verdadero bien de la Iglesia en China”, señala el Papa. En consecuencia, “he decidido conceder la reconciliación a los siete restantes obispos ‘oficiales’ ordenados sin mandato pontificio y, habiendo remitido toda sanción canónica relativa, readmitirlos a la plena comunión eclesial. Al mismo tiempo, les pido a ellos que manifiesten, a través de gestos concretos y visibles, la restablecida unidad con la Sede Apostólica y con las Iglesias dispersas por el mundo, y que se mantengan fieles a pesar de las dificultades”.

El Acuerdo Provisional, explica el mensaje, está llamado necesariamente a ser mejorado. Por eso, “me dirijo con respeto a los que guían la República Popular China y renuevo la invitación a continuar el diálogo iniciado hace tiempo con confianza, valentía y amplitud de miras”.

“Los contactos actuales entre la Santa Sede y el Gobierno chino se están revelando útiles para superar las contraposiciones del pasado, también reciente, y para escribir una página de colaboración más serena y concreta”. Y es que, concluye “la Iglesia en China no es ajena a la historia china, ni pide ningún privilegio: su finalidad en el diálogo con las Autoridades civiles es la de llegar a una relación basada en el respeto recíproco y en el conocimiento profundo”.

 

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