OMPRESS-ROMA (5-03-19) El Papa Francisco recibía ayer en el vaticano a un grupo de la Pontificia Comisión para América Latina. Entre los proyectos que le presentaron está el programa de Post Diplomado en Doctrina Social de la Iglesia al que asistirán este marzo 26 jóvenes líderes católicos.

El Papa, en el discurso que les dirigió, les recordaba, por ello, que “ser católico en la política no significa ser un recluta de algún grupo, una organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad. Si tú al formarte en la Doctrina social de la Iglesia no descubres la necesidad en tu corazón de pertenecer a una comunidad de discipulado misionero verdaderamente eclesial, en la que puedas vivir la experiencia de ser amado por Dios, corres el riesgo de lanzarte un poco a solas a los desafíos del poder, de las estrategias, de la acción, y terminar en el mejor de los casos con un buen puesto político pero solo, triste y con el riesgo de ser manipulado”.

Señalaba el Santo Padre que en América Latina y en todo el mundo vivimos actualmente un verdadero “cambio de época”. Y apuntaba que era necesario reactivar “las energías sociales de nuestra región para que sea fiel a su identidad y, al mismo tiempo, para que construya un proyecto de futuro” y esto es necesario hacerlo a través de “las mujeres, los jóvenes y los más pobres”.

“En primer lugar, las mujeres”, señalaba. “La Comisión Pontificia para América Latina el año pasado ha dedicado una reunión plenaria precisamente a la mujer como pilar en la edificación de la Iglesia y la sociedad. Además, a los obispos del CELAM en Bogotá en 2017 les recordaba que «la esperanza en Latinoamérica tiene un rostro femenino». En segundo lugar, los jóvenes, porque en ellos habita la inconformidad y rebeldía que son necesarias para promover cambios verdaderos y no meramente cosméticos. Jesucristo, eternamente joven, está presente en su sensibilidad, en la de ellos, en su rostro y en sus inquietudes. Y en tercer lugar, los más pobres y marginados. Porque en la opción preferencial por ellos la Iglesia manifiesta su fidelidad como esposa de Cristo no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia”.

Bajo este prisma es necesaria una nueva presencia de católicos en política es en América Latina: “Una nueva presencia que no solo implica nuevos rostros en las campañas electorales sino, principalmente, nuevos métodos que permitan forjar alternativas que simultáneamente sean críticas y constructivas. Alternativas que busquen siempre el bien posible, aunque sea modesto. Alternativas flexibles pero con clara identidad social cristiana. Y para ello, es preciso valorar de un modo nuevo a nuestro pueblo y a los movimientos populares que expresan su vitalidad, su historia y sus luchas más auténticas. Hacer política inspirada en el evangelio desde el pueblo en movimiento se convierte en una manera potente de sanear nuestras frágiles democracias y de abrir el espacio para reinventar nuevas instancias representativas de origen popular”.

El Papa ponía todos estos deseos y aspiraciones a los pies de la Virgen de Guadalupe, para que “la Morenita del Tepeyac nunca se olvide de nuestra amada ‘Patria Grande’, eso es América Latina, una Patria Grande en gestación, que nunca se olvide de nuestras familias y de los que más sufren”.