OMPRESS-ROMA (3-02-20) El Papa Francisco, en el Ángelus de ayer domingo, Fiesta de la Presentación del Señor y Jornada de la Vida Consagrada, recordó el gran tesoro que son para la Iglesia “cuantos siguen al Señor de cerca profesando los consejos evangélicos”.

Los protagonistas del relato evangélico de la presentación, María y José, Simeón y Ana, “representan”, decía el Papa, “modelo de acogida y de donación de la propia vida a Dios”, descritos con actitud de movimiento y de asombro. Movimiento, porque María y José se encaminan a Jerusalén, Simeón se acerca al templo, Ana sirve a Dios día y noche: “los cuatro protagonistas del texto evangélico nos muestran que la vida cristiana requiere dinamismo y requiere disponibilidad a caminar, dejándose guiar por el Espíritu Santo”.

Y es que, añadía, “el inmovilismo no va con el testimonio cristiano y la misión de la Iglesia. El mundo tiene necesidad de cristianos que se dejen conmover, que nunca se cansen de caminar por las calles de la vida, para llevar a todos la palabra consoladora de Jesús. Todo bautizado ha recibido la vocación al anuncio –anunciar algo, anunciar a Jesús–, la vocación a la misión evangelizadora: ¡anunciar a Jesús! Las parroquias y las diversas comunidades eclesiales están llamadas a fomentar el compromiso de los jóvenes, de las familias y de los ancianos, para que todos puedan hacer una experiencia cristiana, viviendo la vida y la misión de la Iglesia como protagonistas”.

“Estas figuras de creyentes”, decía el Papa”, “están envueltas por el asombro, porque se dejaron capturar e involucrar por los acontecimientos que tenía lugar ante sus ojos. La capacidad de asombrarnos de las cosas que nos rodean favorece la experiencia religiosa y vuelve fecundo el encuentro con el Señor. Por el contrario, la incapacidad de sorprendernos nos hace indiferentes y amplía las distancias entre el camino de fe y la vida de cada día. ¡Hermanos y hermanas, siempre en movimiento y estando abiertos al asombro!”.