OMPRESS-ROMA (18-03-21) Tras la catequesis de la audiencia general de ayer miércoles, el Papa recordaba la situación de Myanmar, y pedía que prevaleciera el diálogo. Lo mismo pedía para Paraguay, recordando que la violencia siempre es autodestructiva. “Una vez más y con tanta tristeza siento la urgencia de evocar la dramática situación en Myanmar”, decía, “donde muchas personas, especialmente jóvenes, están perdiendo la vida para ofrecer esperanza a su país. Yo también me arrodillo en las calles de Myanmar y digo: ¡Alto a la violencia! Yo también extiendo los brazos y digo: ¡que prevalezca el diálogo! La sangre no resuelve nada. Que prevalezca el diálogo”.

Desde hace un mes y medio, tras el golpe militar del 1 de febrero, el país está viviendo una situación de violencia y represión que ya ha causado casi dos centenares de muertos. Con sus palabras, el Papa recordaba la poderosa imagen de la hermana Ann Nu Thawng, la religiosa que se arrodilló frente a los policías antidisturbios para pedir que cesara la violencia y salvar a un grupo de jóvenes que se manifestaba por la democracia.

El Papa Francisco también ha mencionado, tras la audiencia, la situación de Paraguay: “Durante esta semana me han preocupado las noticias que llegan desde Paraguay. Por intercesión de Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, pido al Señor Jesús, Príncipe de la Paz, que se pueda encontrar un camino de diálogo sincero para hallar soluciones adecuadas a las actuales dificultades, y así construir juntos la paz tan añorada. Recordemos que la violencia siempre es autodestructiva. Con ella no se gana nada, sino que se pierde mucho y a veces todo”.

Las protestas contra el gobierno han sacudido el país sudamericano. Comenzaron el pasado 5 de marzo sobre todo en Asunción, la capital, y han continuado con menor intensidad, en parte por la declaración de alerta sanitaria por el aumento de contagios de covid-19. A estas protestas se han sumado muchos sectores sociales, unidos por su rechazo a la gestión sanitaria de la pandemia y a la corrupción del gobierno. La Iglesia paraguaya ha hecho un llamamiento “a la escucha y la paz”, ha pedido al gobierno “gestos, acciones y, sobre todo, resultados en la gestión pública”, y ha condenado os hechos violentos que han tenido lugar en las manifestaciones populares, reiterando el derecho de todos los ciudadanos a “reclamar pacíficamente”.