OMPRESS-ROMA (13-02-18) El Papa Francisco tenía un encuentro ayer con los participantes en la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, que se celebró el pasado 8 de febrero, en la memoria litúrgica de Santa Bakhita. En el encuentro, en la Sala Clementina del Vaticano, ha respondido a varias preguntas de los presentes. Les ha dicho que la Iglesia quiere luchar contra esta lacra en cada una de sus fases: “Quiere protegerlos (a las víctimas) del engaño; quiere encontrarlos y liberarlos cuando son transportados y esclavizados; quiere ayudarlos una vez que sean liberados. A menudo, las personas que han sido atrapadas y maltratadas pierden la capacidad de confiar en los demás, y la Iglesia a menudo resulta ser su último ancla de salvación”. Añadió además que “es muy importante responder de forma concreta a la vulnerabilidad de quienes corren riesgo, para acompañar después el proceso de liberación, poniendo a salvo sus vidas”.

Por otro lado, en el twit que mandó ayer, el Papa se fijaba en una de las caras más terribles de la trata, la de los niños soldado: “Siento con fuerza el dolor por los muchos niños arrancados a sus familias para ser usados como soldados. ¡Esta es una tragedia!”.

La audiencia terminó con una oración a Santa Bakhita, la esclava sudanesa, religiosa y santa: “Santa Josefina Bakhita, desde niña fuiste vendida como esclava y tuviste que afrontar dificultades y sufrimientos indecibles. Una vez liberada de tu esclavitud física, encontraste la verdadera redención en el encuentro con Cristo y su Iglesia. Santa Josefina Bakhita, ayuda a todos aquellos que están atrapados en la esclavitud. En su nombre, intercede ante el Dios de la Misericordia, de manera que las cadenas de su cautiverio puedan romperse. Que Dios mismo libere a todos los que han sido amenazados, heridos o maltratados por la trata y por el tráfico de seres humanos. Alivia a los que sobreviven a esta esclavitud y enséñales a ver a Jesús como modelo de fe y esperanza, para que puedan curar sus propias heridas. Te pedimos que intercedas por todos nosotros: para que no caigamos en la indiferencia, para que abramos los ojos y podamos mirar las miserias y las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad y de su libertad, y escuchemos su grito de auxilio”.