OMPRESS-PERÚ (22-01-18) Durante los tres días del viaje apostólico del Papa Francisco en Perú han estado muy presentes las raíces misioneras de esta Iglesia, y la labor de los misioneros cerca de los más necesitados y de los más vulnerables. El líder indígena Santiago Manuín, que coronó al Papa en Puerto Maldonado, el pasado viernes, desde la silla de ruedas donde lo dejó un disparo, declaraba: “Quiero subrayaba que todos los misioneros se han encarnado en nuestra cultura en nuestro ambiente”. Y añadía: “seguimos luchando por la defensa de nuestro territorio. La Iglesia, que vive con nosotros, nos acompaña en este proceso de lucha”.

Por eso, ante los pueblos de la Amazonia peruana reunidos en el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, el Papa Francisco exclamaba: “Queridos hermanos de la Amazonia, ¡cuántos misioneros y misioneras se han comprometido con sus pueblos y han defendido sus culturas! Lo han hecho inspirados en el Evangelio”. Y les pedía: “Ayuden a sus obispos, ayuden a sus misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena”.

En el encuentro del sábado en el Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo de Trujillo, con sacerdotes y religiosos les recordaba las raíces misioneras de América: “Nos recibe este Colegio Seminario, uno de los primeros fundados en América Latina para la formación de tantas generaciones de evangelizadores. Estar aquí y con ustedes es sentir que estamos en una de esas «cunas» que gestaron a tantos misioneros. Y no olvido que esta tierra vio morir, misionando —no sentado detrás de un escritorio—, a santo Toribio de Mogrovejo, patrono del episcopado latinoamericano. Y todo esto nos lleva a mirar hacia nuestras raíces, a lo que nos sostiene a lo largo del tiempo, nos sostiene a lo largo de la historia para crecer hacia arriba y dar fruto. Las raíces. Sin raíces no hay flores, no hay frutos”.

Ya en Lima, con las religiosas contemplativas, el domingo, el Papa recordaba a la patrona de las misiones, Santa Teresita del Niño Jesús, y animaba a las religiosas a ser como ella – “en el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor” – y a vivir una oración misionera que es “la que logra unirse a los hermanos en las variadas circunstancias en que se encuentran y rezar para que no les falte el amor y la esperanza”.

Después, en la Catedral de Lima, que atesora los restos de verdaderos gigantes de la fe, el Papa rezaba: “Te agradecemos de manera especial la santidad florecida en nuestra tierra. Nuestra Iglesia arquidiocesana, fecundada por el trabajo apostólico de santo Toribio de Mogrovejo; engrandecida por la oración, penitencia y caridad de santa Rosa de Lima y san Martín de Porres; adornada por el celo misionero de san Francisco Solano y el servicio humilde de san Juan Macías; bendecida por el testimonio de vida cristiana de otros hermanos fieles al Evangelio, agradece tu acción en nuestra historia y te suplica ser fiel a la herencia recibida”.

Ante los obispos peruanos, el Papa centró su intervención en la figura de Santo Toribio, arzobispo de Lima, y uno de los más grandes misioneros de la historia. Le recordó que aprendan a hablar el lenguaje de los otros, la única forma de que la evangelización sea eficaz. Santo Toribio “promovió por muchos medios una evangelización en lengua nativa”, para que el Evangelio fuera entendido y penetrara en los corazones, y cómo defendió él y sus sacerdotes a los indígenas, a los que debían tener como hijos.

A los jóvenes durante el ángelus les puso de nuevo el ejemplo de los santos peruanos: “Jesús cuenta contigo como lo hizo hace mucho tiempo con santa Rosa de Lima, santo Toribio, san Juan Macías, san Francisco Solano y tantos otros. Y hoy te pregunta a vos si, al igual que ellos: ¿estás dispuesto, estás dispuesta a seguirlo? ¿Hoy, mañana, vas a estar dispuesto o dispuesta a seguirlo? ¿Y dentro de una semana? No estés tan seguro, no estés tan segura. Mirá, si querés estar dispuesto a seguirlo, pedíle a Él que te prepare el corazón para estar dispuesto a seguirlo, ¿está claro?”.