OMPRESS-CHILE (19-01-18) El último día del viaje apostólico del Papa a Chile comenzaba con su vuelo a Iquique a más de 1.800 kilómetros al norte de Santiago. Ha sido en este vuelo en el que el Papa ha unido en matrimonio a dos miembros de la tripulación del avión. Todo ha surgido de modo espontáneo, después de que el Papa escuchara la historia de la pareja.

En Iquique ha tenido lugar la Santa Misa por la integración de los pueblos en honor de Nuestra Señora del Carmen, madre y reina de Chile. El lugar, el Campus Lobito, una gran explanada de 20 hectáreas, situada junto al mar al sur de la ciudad. El Papa Francisco ha alabado la alegría de estos “queridos hermanos del norte chileno”, que saben vivir la fe y la vida en un clima de fiesta, “en esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo”.

En su homilía, el Papa ha unido el Evangelio de las Bodas de Caná a este espíritu de alegría: “María anda por nuestros poblados, calles, plazas, casas, hospitales. María es la Virgen de la Tirana; la Virgen Ayquina en Calama; la Virgen de las Peñas en Arica, que anda por todos nuestros entuertos familiares, esos que parecen ahogarnos el corazón para acercarse al oído de Jesús y decirle: mira, «no tienen vino»”. Y ha añadido: “también se acerca a cada uno de nosotros a decirnos tan sólo: «Hagan lo que Él les diga»”.

“Hermanos, Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara—; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas. Gente que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos —especialmente los que tienen que dejar su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir— son imagen de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida”.

Pedía el Papa que esa tierra de sueños siguiera siendo también tierra de hospitalidad. Les pedía a los presentes: “Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos: no tienen vino, Señor”.

“Y después dejemos a Jesús que termine el milagro, transformando nuestras comunidades y nuestros corazones en signo vivo de su presencia, que es alegre y festiva porque hemos experimentado que Dios-está-con-nosotros, porque hemos aprendido a hospedarlo en medio de nuestro corazón”.

Al terminar la celebración ha agradecido a los obispos, a la presidenta de Chile y a todos los que han hecho posible su visita:” Gracias también por el trabajo abnegado y silencioso de miles de voluntarios. Más de veinte mil. Sin su empeño y colaboración hubiesen faltado las tinajas con agua para que el Señor hiciera posible el milagro del vino de la alegría. Gracias, a los que de muchas formas y maneras acompañaron este peregrinar especialmente con la oración. Sé del sacrificio que han tenido que realizar para participar en nuestras celebraciones y encuentros. Lo valoro y lo agradezco de corazón”.