OMPRESS-ECUADOR (16-06-20) Mons. Rafael Cob, el obispo misionero del Vicariato Apostólico de Puyo, recuerda a su paisana la misionera Inés Nieves Sancho, asesinada hace ya un año en la República Centroafricana. La hermana, de la congregación de las Hijas de Jesús, llevaba 23 años ayudando a las personas más desfavorecidas en el suroeste de ese país. Así lo ha recordado Mons. Cob, desde la región amazónica de Ecuador, en el día del Corpus Christi:

“Cuando leía la noticia de que una misionera de mi tierra burgalesa había sido decapitada en Centroáfrica por fundamentalismo de musulmanes, me hervía la sangre y uno se pregunta ¿se necesitan héroes para tiempo heroicos? Y soñar que la sangre de estos mártires, será semilla de nuevos cristianos en esa tierra africana. Allí quedó sepultado su cuerpo como reliquia y testimonio del amor de esa Iglesia misionera que se entrega y se hace don que despierta la fe, por contagio, de ese virus misionero más potente que el coronavirus que el mundo padece.

Estamos en tiempos de pandemia y estos tiempos son heroicos porque se necesita heroicidad para la lucha contra este mal que siega las vidas y siembra dolor en el mundo y, en especial, entre los más vulnerables. Heroicidad para servir y atender a aquellos que desde su pobreza extienden la mano de auxilio, enfermos contagiados en los hospitales, en las casas de bloque en la ciudad o en sus chozas en la selva.

Hay en muchos rincones del planeta, hoy, en que se viven tiempos heroicos, territorios de misión en primera línea donde se lucha queriendo pacificar con el amor de Cristo y su evangelio la violencia ideológica, el odio y el racismo que divide y enfrenta a los pueblos. Cura Señor sus pensamientos.

Hoy en el día del Corpus Cristi, vemos que el cuerpo de Cristo que debiera unirnos sigue ensangrentado y que la sangre de su cuerpo sigue siendo derramada como lo fue en la cruz, por misioneros que como Jesús dan la vida hasta la muerte y una muerte a veces violenta y martirial, como la sufrida por la Hna. Inés Nieves Sancho amiga de los pobres después de 23 años de misionera en Bangassou.

Cuando acabamos de celebrar en Ecuador la fiesta del misionero ecuatoriano Ad-gentes, estimulando a seguir los ejemplos de esos misioneros valientes que atravesaron fronteras para lleva la verdadera vida en Cristo, cuesta entender que hay que anunciar el evangelio de Cristo con alegría, ante la tristeza y el dolor que sufre este mundo, y amando y perdonando también a nuestros enemigos como rezamos en el padrenuestro y Jesús nos pide en su Evangelio.

Hoy pedimos que el cuerpo de Cristo hecho alimento en la sagrada comunión, fortalezca en nosotros el amor cristiano que nos urge para ir a la misión y alimentar, en medio de la hambruna divina que padecen tantos hermanos y hermanas, que sufren porque no tienen la posibilidad de una eucaristía y recibir el pan de los fuertes. Para estos tiempos heroicos, por la situación real de la pandemia, se necesitan cristianos que quieran ser héroes en el servicio arriesgado y doloroso donde se juegan la vida por dar la vida a otros.

Nos quitamos el sombrero ante estos héroes porque verdaderamente han merecido la admiración como Iglesia, sabiendo los gobernantes que el trabajo que hace la Iglesia a través de su caridad es invalorable. ¿Y quién da la fuerza a esos hombres y mujeres para ser héroes misioneros? Sin duda su fe en Dios, el acceso a este maravilloso sacramento que hoy recordamos, la Eucaristía. El sacramento del Corpus Cristi. Hoy pedimos por los misioneros heroicos: la hermana Charito que se quedó en esta pandemia entre los indígenas quichuas de esta selva alimentando la fe de estos pueblos con sus catequistas, las hermanas que se quedaron con los ashuar en la frontera de la selva con Perú. Héroes para tiempos heroicos. Las hermanas que atendían a los abuelitos y se contagiaron por servir a los más vulnerables y así suma y sigue miles de personas que como ellas sirven a los enfermos en hospitales y en sus casas.

La pandemia es tiempo heroico, en medio de tanta cobardía y corrupción, ante tantos temores de contagios. La Iglesia católica en estos tiempos heroicos sigue dando al mundo héroes, que se desviven porque otros hermanos tengan vida y vida en plenitud. Felicitaciones a estos héroes que sin buscar aplausos y recompensas humanas, siguen en el silencio y anonimato, sirviendo al pueblo necesitado, pidiendo a Dios se apiade de este mundo sufrido, que purifique las mentes y los corazones para que nos convirtamos y vivamos cada día con alegría y esperanza sabiendo que aquel que en Dios confía nunca fracasa.

Seamos misioneros de esperanza sembradores de la paz, misioneros de amor y justicia que tanto necesita nuestro mundo, y esta cruz que arrastra el mundo, se vuelva un día camino de gloriosa resurrección. Comamos el pan de los fuertes en la sagrada Eucaristía comulgando, visitemos a Cristo en el sagrario o en la custodia para que su luz penetre en nuestras vidas y seamos luz en el candelero y así iluminar a todos en la casa”.