“El Resucitado no es otro que el Crucificado. Lleva en su cuerpo glorioso las llagas indelebles, heridas que se convierten en lumbreras de esperanza. A Él dirigimos nuestra mirada para que sane las heridas de la humanidad desolada” son palabras del Papa Francisco pronunciadas en la bendición Urbi et orbi del día de Pascua.

Con el realismo afectuoso que le caracteriza, el Papa recuerda a los que “han sido afectados directamente por el coronavirus”, todos aquellos que se han contagiado, así como las familias y las personas que les asisten. En este contexto de sufrimiento y dolor, Francisco habla de otro “contagio”, uno que “se transmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia”. Se refiere al anuncio propio de la Pascua, el corazón de la fe cristiana: “Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal”.

En el mensaje que transmitió, el Santo Padre hace un profundo análisis de la situación actual constatando que “en estas semanas, la vida de millones de personas cambió repentinamente”. Por eso propone las actitudes necesarias para vivirla contagiando la esperanza: no es tiempo para la indiferencia, el egoísmo, la división y el olvido.

  • “Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia”.
  • “Este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas. […] Es muy urgente […] que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente”.
  • “Este no es tiempo de la división. Que Cristo, nuestra paz, ilumine a quienes tienen responsabilidades en los conflictos, para que tengan la valentía de adherir al llamamiento por un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo”.
  • “Este no es tiempo del olvido. Que la crisis que estamos afrontando no nos haga dejar de lado a tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas”.

“Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre!”. El Papa invita a que la resurrección de Jesús nos ayude a hacer desaparece las palabras que representan que triunfa “el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida”. En el día de Pascua de resurrección el Papa expresa su deseo más profundo: “Que Él, que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso”.

El Papa nos invita con lucidez a afrontar este momento de pandemia desde la fe en Cristo con una esperanza lúcida, que llene el mundo de gestos que contagien esperanza. Cabe recordar que el Papa ya tuvo uno y creó un fondo a través de OMP para las zonas de misión afectadas por el coronavirus.

El mensaje de la bendición Urbi et orbi es una nueva llamada que nos hace a ser creativos en el amor para contagiar esperanza; decir no a la indiferencia, el egoísmo, la división y el olvido con palabras y hechos: la unión fraterna, el apoyo mutuo, la paz y el recuerdo de los que sufren. A través de ellos “resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: ¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”.

Que el recuerdo de los misioneros y las misioneras que, movidos por la fe pascual, llevan al mundo la fraternidad, la justicia y la paz sea un estímulo para que nosotros contagiemos esperanza como misioneros llevando a todos el anuncio de que Cristo vive: “Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida” (Christus vivit 1).