Jesús, Sacerdote, Profeta y Rey. ¡No busquéis entre los muertos al que vive! (cf. Lc 24,5). Sí, Jesús está vivo. Tuvo que pasar por la pasión y muerte, pero ¡vive! La muerte no ha podido con Él. Mi Señor está vivo y me quiere vivo… ¡Es el Señor!

Jesús, el Sumo Sacerdote, que ha resucitado y ha hecho de los hombres y mujeres perdidos la familia de los hijos de Dios.

Jesús, Profeta, porque “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados” (Lc 7,22). Su resurrección anuncia la salvación de Dios.

Jesús, Rey, porque ha conquistado la tierra para Dios…; porque el reino de los cielos, el de su Padre Dios, se ha hecho presente en la humanidad y todo ha sido puesto bajo sus pies. ¡Cristo vive!

Los misioneros, como Jesús, sacerdotes, profetas y reyes también por el bautismo. Sacerdotes que convocan a los hijos de Dios en una sola Iglesia. Profetas que con su vida y su palabra hacen presente y real la salvación de Dios. Reyes que enseñan el mandato nuevo del Señor: amarnos unos a otros como Él nos amó.

Y tú y yo, sacerdotes, profetas y reyes también por nuestro bautismo: porque la alegría de la salvación llena nuestro corazón y nuestra vida, y no queremos vivir sin Él, sin su amor. Y no nos basta con esto: queremos que en toda la tierra se haga presente la vida de Cristo, la Vida de gracia que Él nos ha comprado con su entrega y con su resurrección.

¡Feliz Pascua de Resurrección!