OMPRESS-MURCIA (29-04-19) La Parroquia de Nuestra Señora de la Paz en Murcia fue uno de los escenarios de la Pascua Misionera que, de la mano de los Misioneros Javerianos y las Franciscanas Misioneras de María vivieron un grupo de jóvenes españoles junto a varios jóvenes inmigrantes de Argelia, Marruecos, Guinea Conakry… chicos que viven en pisos de acogida de Cáritas Diocesana en Murcia, en su mayoría musulmanes. María Castillo, una chica de Navarra, cuenta lo que ha vivido en este encuentro:

“Esta Pascua para mí ha sido un regalo, estoy muy agradecida. He conocido a personas concretas; cada una con una historia, con un camino recorrido, lleno de sufrimiento, un camino en el que están luchando (y sigue habiendo sufrimiento) y un camino por recorrer, lleno de incertidumbre… Y me he encontrado con Dios en ellos. En sus miradas y sonrisas llenas de cariño, en su fortaleza y ganas de vivir; en definitiva, en su esperanza.

¿Cómo me he encontrado con Dios, cómo ha sido su paso por mi vida? ¿Qué hemos hecho en estos días? Pues hemos estado, simplemente estar. Compartir. Compartir lo que somos, conocernos. Para así poder querernos. “Nadie puede amar al que no conoce, por eso: abrirse al otro para conocerlo es el primer paso”. En ese compartir lo que llevamos dentro, está incluido nuestro sufrimiento.

Muchas veces no siento a Dios, me cuesta verlo, y más en momentos de sufrimiento (ya sea mío o de un hermano); pero Él está ahí, y eso me han recordado mis hermanos en estos días. Él está siempre ahí, nos quiere con el amor más grande y nos acompaña siempre. No sólo me lo han recordado al compartir sus experiencias, sino que han sido transmisores de ese amor de Dios, con su cariño, su estar sin juzgarme. A pesar de haber pasado por un sufrimiento mucho más grande que el mío, no lo han infravalorado y me han acompañado ellos a mí…

Me quedo con dos frases que han salido en estos días: “Unidad en la diversidad” y “Antes de todo, de ser cristianos, musulmanes, judíos, hinduistas, ateos, lo que sea; somos hermanos… Y después, también”. No somos “nosotros” y “ellos” (o “los otros”). Todos somos “nosotros”. En resumen: he vivido, me atrevo a decir: hemos vivido, una Pascua no solo interior (como estaba acostumbrada hasta ahora) sino también en la vida, en la acción, de forma concreta y palpable. En mi vida y en la de otras personas. Ha sido un encuentro con Dios en mis hermanos. Por eso el nombre de “Pascua del Encuentro”.

¿Y ahora qué? Al haberme encontrado con Dios en otras personas, creo que me llama (bueno, creo que nos llama a cada uno) a llevar ese amor suyo que he recibido a quienes lo necesiten; ser ese instrumento, como lo han sido mis hermanos para mí.

Salir de mí misma y buscar quienes son esas personas que más lo necesitan. Llevar a mi día a día esto que he vivido en estos días, concretando ese amor. Puede ser un simple escuchar, compartir, acompañar, estar.

‘Ojalá aprendamos a mirarnos unos a otros y a ver la creación entera desde los ojos de Dios. Ojalá a cada uno de nosotros se nos pueda recordar como imitadores de Dios, como operadores de paz. Ojalá’ (Intervención en el acto interreligioso de Tetuán el 7 de marzo 2019 en el Manifiesto de Tetuán, Mons. Santiago Agrelo Martínez)”.