OMPRESS-ROMA (9-12-20) Con el objetivo de que “crezca el amor a este gran santo”, implorar su intercesión e implorar sus virtudes, el Papa publica esta carta y anuncia un año dedicado a San José en el 150 aniversario de su declaración como patrono de la Iglesia universal. La carta apostólica recuerda que San José, como todos los santos, ayuda a los fieles a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, porque “su vida es una prueba concreta de que es posible vivir el Evangelio”.

En Patris Corde, “con corazón de padre”, el Papa Francisco se centra en la paternidad de José, porque fue así, con corazón de padre, como “José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»”. Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio, por eso, al cumplirse 150 años de que el beato Pío IX, el 8 de diciembre de 1870, lo declarara Patrono de la Iglesia Católica, el Santo Padre desea compartir “algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana. Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia, en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que «nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas”.

Son los rasgos de su paternidad los que articulan esta breve carta apostólica. El primero, “Padre amado”, recuerda que, “por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano”, y recuerda que “muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción, entre ellos Teresa de Ávila, quien lo tomó como abogado e intercesor, encomendándose mucho a él y recibiendo todas las gracias que le pedía. Alentada por su experiencia, la santa persuadía a otros para que le fueran devoto”. La confianza en san José se plasmó en la expresión “Ite ad Ioseph”, que “hace referencia al tiempo de hambruna en Egipto, cuando la gente le pedía pan al faraón y él les respondía: «Vayan donde José y hagan lo que él les diga»”.

El segundo rasgo destacado es “Padre en la ternura”, porque “la historia de la salvación se cumple creyendo «contra toda esperanza» a través de nuestras debilidades. Muchas veces pensamos que Dios se basa sólo en la parte buena y vencedora de nosotros, cuando en realidad la mayoría de sus designios se realizan a través y a pesar de nuestra debilidad”. Por eso, “si esta es la perspectiva de la economía de la salvación, debemos aprender a aceptar nuestra debilidad con intensa ternura”. Por “la angustia de José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto”. Él nos enseña “que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad”.

San José es “Padre en la obediencia”, porque en “cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su fiat, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní”. Y también es “Padre en la acogida”, como acogió a María sin poner condiciones previas, y “Padre de la valentía creativa”. En ocasiones, dice el Papa en esta carta, “las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener”. Cuando leemos los Evangelios de la infancia, “nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero ‘milagro’ con el que Dios salvó al Niño y a su madre”.

“Padre trabajador”, otro rasgo de la paternidad de San José, que “era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”. Ante la pérdida de trabajo debido a la pandemia de covid-19, debemos implorar “a san José obrero para que encontremos caminos que nos lleven a decir: ¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!”.

Finalmente, el Papa habla de San José como “Padre en la sombra”. Y es que, afirma la carta, nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él”. Ser padre significa “introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir”. Esto lleva a que “siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión, sino un ‘signo’ que nos evoca una paternidad superior. En cierto sentido, todos nos encontramos en la condición de José: sombra del único Padre celestial, que «hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos» y sombra que sigue al Hijo”.