OMPRESS-MADRID (18-09-19) Con motivo del Mes Misionero Extraordinario, las Obras Misionales Pontificias han recordado a la fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe, Paulina María Jaricot, una laica francesa que dedicó su vida a que la preocupación por la misión fuera responsabilidad de todos los “bautizados y enviados”, como dice el lema de este mes.

Pero el genio espiritual de la venerable Paulina Jaricot fue más allá de la fundación de la Obra Misional de la Propagación de la Fe. De hecho, ella sabía que la oración es el fundamento de la misión de la Iglesia y estaba decidida a hacer que el rezo del Rosario se conociera y se practicara por el mayor número de personas posibles para sostener la proclamación del Evangelio en los territorios de misión. Así, en 1826, alentada por el éxito de su enfoque personal en la organización de la Obra Misional a través de la creación de pequeños grupos, Paulina utilizó el mismo criterio para iniciar y organizar el Rosario Viviente, una nueva iniciativa.

Primero, comenzó organizando a sus amigos y colaboradores en grupos de 15 personas, según el número de los Misterios del Rosario en aquella época. Luego le pidió a cada miembro que se comprometiera a rezar una década del Rosario diariamente y meditar en un Misterio al día, durante un mes entero. De esta forma, se recitaba diariamente todo el Rosario y cada grupo meditaba los 15 Misterios. Al comienzo del mes, la persona a cargo de los 15 redistribuía personalmente los Misterios entre los miembros, asegurándose de que todos recibieran un Misterio diferente para meditar durante la oración de la década del Rosario, durante las siguientes cuatro semanas. Esto aseguraba que cada mes toda la vida de Cristo fuera meditada por el grupo y que las oraciones, a través de la intercesión de la Virgen María, fueran presentadas a Dios, convirtiendo el rezo del Rosario en una realidad “viviente” en apoyo a la Misión de la Iglesia de proclamar la Buena Nueva, especialmente a las personas que aún no la han escuchado. El esfuerzo apostólico de los misioneros de Jesús en todo el mundo se sostenía con el rezo del Rosario Viviente.

El sueño de Paulina del Rosario Viviente pronto se convirtió en un fenómeno generalizado en todo el mundo. En 1831 escribía: “Los grupos de 15 continúan multiplicándose a una velocidad increíble en Italia, Suiza, Bélgica, Inglaterra y en varias partes de América. El Rosario ha difundido sus raíces hasta las Indias y especialmente en Canadá”. La esperanza de Paulina era que el Rosario Viviente uniera a las personas, en todo el mundo, en una oración ferviente por la Misión de la Iglesia.

De hecho, la iniciativa del Rosario Viviente tuvo tanto éxito que después de la muerte de Paulina en 1862, ¡había más de 150,000 grupos de 15, con 2.250.000 miembros solo en Francia! Hoy en día, el Rosario Viviente aún se practica en muchas partes del mundo y los grupos de 15 se han ampliado a grupos de 20 al incluir los nuevos misterios luminosos, establecidos por el Santo Padre Juan Pablo II. En consecuencia, aún hoy continúa esta importante iniciativa de oración, que fue concebida por la fundadora Obra Misional Pontificia de la Propagación de la Fe.

A 100 años de la Maximum Illud de Benedicto XV, el primer documento misionero moderno, y motivo adoptado por el Papa Francisco para convocar este Mes, resulta ilustrativo recordar que la obra fundada por Paulina ya recibía en 1919 el reconocimiento del sucesor de Pedro: “Queremos recomendar a la generosidad de los católicos favorezcan preferentemente las obras instituidas para ayudar a las sagradas Misiones. Sea la primera de éstas la llamada «Obra de la Propagación de la Fe», muchas veces elogiada ya por nuestros predecesores, y a la que quisiéramos que la Congregación de Propaganda la hiciera con sumo empeño rendir en adelante todo el ubérrimo fruto que de ella puede esperarse. Porque muy provista ha de estar la fuente principal, de donde no sólo las actuales Misiones, sino aun las que todavía estén por establecerse han de surtirse y proveerse”. Y así ha sido, desde 1919, y desde antes.