El Espíritu Santo “conduce a la Iglesia a caminar en la historia como la compañera de cada hombre” afirmó Francisco en el rezo del Regina Coeli del domingo de la Ascensión.

El Papa recordó las palabras finales de Jesús en el Evangelio de san Marcos: “Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Evocando este pasaje en que Jesús “inviste con la misión a todo el pueblo” a los Apóstoles, el Santo Padre subrayó como “ante una tarea tan exigente, y pensando en nuestras debilidades” puede surgir el desánimo, por eso Jesús les promete su presencia “constante y consoladora”.

La presencia de Jesús entre nosotros es “a través de su Espíritu, que conduce a la Iglesia a caminar en la historia como la compañera de cada hombre. Ese Espíritu que, enviado por Cristo y el Padre, obra la remisión de los pecados y santifica a todos aquellos que, arrepentidos, se abren con confianza a su don”. Es el significado de la fiesta de Pentecostés que hoy celebramos, que asegura la presencia de Jesús que se revela “en la constante e interior acción del Espíritu Santo” y afirma el Santo Padre “de ahí derivan nuestra fuerza, nuestra perseverancia y nuestra alegría, justamente en la presencia de Jesús entre nosotros con la fuerza del Espíritu Santo”. Solo con la fuerza del Espíritu Santo puede la Iglesia cumplir su misión de “caminar en la historia como la compañera de cada hombre”.

Precisamente el Papa se ha referido a esa fuerza del Espíritu que se materializa en la entrega de las personas por amor a los demás frecuentemente en sus intervenciones a lo largo del tiempo que llevamos de pandemia por el coronavirus. Dos de ellas son el mensaje con motivo de la bendición Urbi et orbe en la oración del 27 de marzo y el artículo publicado en la revista Vida Nueva el 17 de abril “Un plan para resucitar”.

En la intervención en la Plaza de San Pablo puso el ejemplo de todas las personas que “ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida” y afirmaba: “Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que […] están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia”. En ese momento el Papa invitaba a abrazar la cruz de Jesús porque significa “animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar”.

Francisco en su artículo “Un plan para resucitar” también hacía referencia a la capacidad innovadora del Espíritu: “Es el soplo del Espíritu que abre horizontes, despierta la creatividad y nos renueva en fraternidad para decir ‘presente’ (o bien, ‘aquí estoy’) ante la enorme e impostergable tarea que nos espera”. Por eso el Papa urgía a “discernir y encontrar el pulso del Espíritu” ya que es necesario “para impulsar junto a otros las dinámicas que puedan testimoniar y canalizar la vida nueva que el Señor quiere generar en este momento concreto de la historia”. Frente a todo pesimismo por las dificultades innumerables que debemos afrontar, el Santo Padre habla de un “tiempo propicio” que lo será si lo usamos para “animarnos a una nueva imaginación de lo posible con el realismo que solo el Evangelio nos puede proporcionar”. Por eso se muestra confiado: “El Espíritu, que no se deja encerrar ni instrumentalizar con esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas, nos propone sumarnos a su movimiento capaz de ‘hacer nuevas todas las cosas’ (Ap 21,5)”.

“El misterio de la Ascensión, junto con la efusión del Espíritu en Pentecostés, imprime y confiere para siempre a la misión de la Iglesia su rasgo genético más íntimo: el de ser obra del Espíritu Santo y no consecuencia de nuestras reflexiones e intenciones”, dice el Papa en su mensaje a las OMP del 21 de mayo. En este día de Pentecostés solo podemos agradecer la entrega de los misioneros y las misioneras por caminar en la historia como compañeros de cada hombre. El Espíritu suscita esta generosidad en muchas personas y especialmente en los jóvenes, como se ha demostrado en este tiempo de pandemia. La entrega de la propia vida, el sostenernos mutuamente y la creatividad para hacer cosas nuevas son signos de la vida del Espíritu en el corazón del cristiano que impulsan a la misión. Aún cuando este año sea imposible tener una experiencia de #VeranoMisión, es posible vivir la misión si le pedimos a Jesús que nos ayude a “discernir y encontrar el pulso del Espíritu” que sin lugar a duda nos llevará a ser misioneros en medio de los acontecimientos que tenemos que vivir.