OMPRESS-VENEZUELA (16-01-20) El padre Pío Lázaro, misionero de los Padres Reparadores, escribe para OMPress desde Tinaquillo, ciudad del estado Cojedes, en Venezuela, contando lo que ha sido su vida misionera, ahora desde una silla de ruedas.

“Pertenezco a la Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús que en España llaman Padres Reparadores y, en el resto del Mundo, Padres Dehonianos, porque el fundador es el padre Leon Dehon, que está en proceso de beatificación. Soy de la provincia de Burgos y del pueblo llamado Cerezos del Río Tirón.

Me enviaron a las Misiones de Venezuela en el año 1968; quiere decir que llevo 52 años en este país, ahora tengo 83 años de Edad. En mis años en Venezuela he vivido en el estado Carabobo, en un pueblo llamado Mariara, 16 años. Tenía 90 mil habitantes y estaba muy atrasado por lo que me tocó trabajar duro y llevé a cabo la construcción de una Escuela de Orientación técnica y la construccion de dos Iglesias. Incluso me entregaron la condecoración de Primera clase en la Alcaldía del Municipio. El resto de los años los he pasado en el estado Cojedes, en el municipio de Tinaquillo. Estuve primero 18 años de párroco. Me tocó construir una Iglesia parroquial y cinco capillas, y un centro médico social. Cuando terminó mi tiempo como párroco, los Superiores me dejaron quedarme hasta el día de hoy en Tinaquillo. Al municipio tengo que agradecer que cuando cumplí los 50 años de vida Sacerdotal el Alcalde me nombro hijo adoptivo predilecto. Actualmente estoy de Vicario junto con otros dos Sacerdotes ya que el Municipio tiene 100 mil habitantes. Los Superiores me han insinuado si deseo volver a España y les he dicho que si quieren contentarme me respeten la decisión de quedarme los pocos años que me quedan de vida en esta población. Quiero que me entierren aquí, en Tinaquillo.

Tengo que comunicarles que hace cinco años estando en la puerta de la casa, dos camionetas que iban persiguiéndose unas a otras, por razón de un robo, chocaron y yo, que iba con silla de ruedas ya que padezco el Parkinson, me atropellaron y, con el choque, la silla de ruedas fue a parar lejos y a mí me empujaron contra la pared y salí ileso de milagro rompiéndome la cadera y el fémur. En esta situación y en silla de ruedas, no tengo otra labor que sobrellevar la enfermedad y ofrecer todas mis oraciones y sacrificios. La gente me acompaña en mi atención y estoy muy agradecido.

La situación de Venezuela, ya saben cómo se encuentra. Es una calamidad en cuanto a las medicinas que no se encuentran y además muy caras. La gente pasa hambre y muchos sin medicinas. Esperemos que se arregle la situación política. Algunos dicen que la oposición no existe porque el Gobierno le cae encima al que abre la boca. Es algo parecido a Cuba”.