OMPRESS-ROMA (5-11-19) Con la bendición del Papa Francisco, se ha creado en la diócesis de Roma, la diócesis del Papa, los premios Andrea Santoro, para recordar a este misionero, nacido en una localidad cercana a Roma, que murió asesinado a manos de terroristas islámicos en el 2006, en Turquía, mientras rezaba en su pequeña iglesia. Es una de las iniciativas nacidas del Mes Misionero Extraordinario, en la línea de tomar la misión como paradigma de toda actividad de la Iglesia. Con este premio se trata de reconocer a personas e instituciones que, siguiendo el ejemplo del padre Santoro, dedican sus vidas al diálogo interreligioso y al servicio de los más pobres en las periferias del mundo.

La primera edición de este premio tuvo lugar el día 25 de octubre en el Aula della Conciliazione del Palacio Apostólico de Letrán y, en esta ocasión, se reconoció a un matrimonio misionero romano, aunque él ya ha fallecido, que dedicaron varios años a la misión en Perú; las religiosas Anna Bacchion y Marzia Feurra, misioneras de la Consolata en Djibuti; el padre Sebastiano D’Ambra, misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) en Filipinas; y la comunidad misionera intercongregacional de Haití.

Ordenado diácono permanente en la parroquia de los Protomartyrs, Luigi, junto con su esposa Isabella, sirvió en Carabayllo, Perú, de 2001 a 2007. Sirvieron en la más absoluta precariedad a cientos de personas, con todo tipo de servicios esenciales. Gracias a su ejemplo, otros diáconos permanentes con sus esposas de la diócesis de Roma también han llevado a cabo actividades misioneras en el país latinoamericano, junto con muchos jóvenes procedentes principalmente de la parroquia de este matrimonio misionero.

Las hermanas Marzia Feurra y Anna Bacchion, de la Congregación de los Misioneras de la Consolata, llevan a años viviendo en Ali Sabieh, Djibouti, trabajando en el campo de la salud, en la escuela, en el servicio a discapacitados y en la promoción de la mujer. La hermana Marzia sufrió en 2007 un secuestro en Somalia. La hermana Anna antes de llegar a Djibouti estuvo en Libia.

Sebastiano D’Ambra, sacerdote del PIME, reside en Filipinas desde 1977, en Mindanao, la isla con más presencia musulmana. El padre D’Ambra, desde su llegada, no sólo ha servido a la comunidad cristiana local, sino también ha establecido lazos con la comunidad musulmana. En 1984 fundó el movimiento de diálogo cristiano-islámico Silsilah (cadena), que dio origen a la Comunidad Emaús, un pequeño grupo de “mujeres consagradas laicas”, reconocido por la diócesis en 1997, con el carisma específico del diálogo con la Islam.

La Comunidad Misionera Intercongregacional (CIM) de Haití ha estado trabajando en el país desde 2010. Creada para responder al sufrimiento de la población después del terremoto de aquel año. Actualmente la comunidad está formada por una hermana misionera comboniana, una mercedaria y una hermana de la congregación mexicana Maestras católicas.