UNA ACTITUD DEL CORAZÓN

 

José María Calderón

Director de OMP en España

¡En marcha! Ponernos en camino es un mensaje continuo en la predicación del papa Francisco. El Santo Padre nos pide reiteradamente que salgamos de nosotros mismos, que vayamos a las periferias…

Pero esa salida no es andar alocadamente de un sitio para otro, sino una actitud del corazón. Es una invitación a no mirarnos a nosotros mismos, a no estar dando vueltas a nuestras cosas, a no andar contemplándonos continuamente en el espejo o, ¿cómo no?, haciéndonos selfis que muestran de forma distorsionada lo que pretendemos ser y hacer.

“¡En marcha!” significa que miremos fuera, comenzando por los que están a nuestro alrededor, los que tenemos cerca, de los cuales pasamos muchas veces, sin hacerles ningún caso.

Jesús, en salida

Jesús tuvo que asumir esa salida de un modo físico, abandonando su cultura, lengua, tradiciones, seguridades…, y, junto con María y José, tuvo que huir y refugiarse en Egipto. Esta salida es todo un signo para nosotros y para lo que podemos enseñar a los más jóvenes de nuestras casas y familias: que hay que salir en busca de los demás y hay que mirar con ojos limpios a los que “no son como nosotros”.

Durante todo este curso, el segundo de este cuatrienio que en Infancia Misionera estamos dedicando a contemplar a Jesús Niño, queremos acompañarle cuando tiene que salir de su tierra para protegerse del egoísmo y el odio de Herodes. Ese viaje, sin duda penoso para sus padres, es el que les va a llevar a compartir desde el principio la alegría del nacimiento del Señor en y con un pueblo extraño. Allí la Sagrada Familia tendrá que aprender a convivir con gente distinta, pero comprenderá, sobre todo, que Jesús ha venido a compartir la vida con todos los hombres, sin mirar raza, color, lengua, cultura o tradición.

Jesús, desde el comienzo, se manifiesta como el Señor de todo y de todos. Los primeros en adorarle fueron los Magos venidos de oriente; y los primeros que tuvieron que acogerle fueron los hombres y mujeres de un pueblo pagano, ajeno al pueblo elegido. Hoy la Iglesia sigue anunciando a Cristo a todos, porque a todos quiere llegar el Señor.

Convivir, compartir, anunciar

En nuestra sociedad actual, los niños y los adultos, tenemos que convivir con personas muy diversas, que no hablan nuestra lengua, que han venido de lejos y que a veces tienen dificultad para integrarse en nuestros ambientes. Muchos de ellos ni siquiera participan de nuestra fe. Convivir con ellos, compartir con ellos lo que somos, lo que tenemos, lo que vivimos, no solo les ayudará en esa integración: a nosotros nos enseñará a ser más comprensivos, a escuchar, a mirar con ojos limpios. Nos ayudará a tener un corazón más grande, más generoso y más universal, ¡un corazón más católico! Así lo vivió Jesús al integrarse en la cultura egipcia, y esto contribuyó, sin duda, a que aquellos a quienes fue conociendo descubrieran el amor que Dios ya había sembrado en sus corazones. “¡En marcha!” es precisamente una llamada a ir en peregrinación a buscar a quienes no conocen al Señor y acoger todo lo bueno que Él ha puesto en ellos.

Este curso podemos mostrar a los niños de Infancia Misionera que para ser cristiano hay que aprender a vivir con los demás, compartiendo con ellos las alegrías, las preocupaciones, los dolores y las necesidades. Solo no se puede vivir la fe; la fe, tal como Jesús nos enseña desde el inicio de su vida, es para vivirla en familia, en comunidad. Los otros no son extraños: son quienes pueden hacer que nuestro camino conjunto sea más sencillo y bonito. Compartir lo que Dios nos da nos hace mejores personas y nos llena de alegría. Por eso, es importante, desde niño, participar en la vida de la Iglesia y, ya en casa, rezar juntos, alabar al Señor juntos, pedir por los demás juntos, dar gracias a Dios por todo lo que recibimos… y ¡hacerlo juntos!

Los niños de la Infancia Misionera van a aprender a mirar a los que “no son como nosotros” como verdaderos hermanos, invitados también a conocer y a amar a Jesús. Y es estupendo, porque los más pequeños son los primeros misioneros entre sus amigos y compañeros, y muchas veces incluso con sus propios padres y familiares.

Así pues…, ¡en marcha!; los niños y niñas de Infancia Misionera, pero también los adultos, que tenemos la responsabilidad y la alegría de acompañarles en su camino.