SE NECESITAN SOÑADORES

 

Sergio Requena (CEE)

Maricarmen Álvarez (CONFER)

Ana Cristina Ocaña (CEDIS)

José María Calderón (OMP)

Todos tenemos un sueño; todos tenemos sueños a veces imposibles, pero que nos hacen ser más felices y nos mueven a luchar por algo que pensamos que nos va a hacer mejores. Cuanto más niños, más vuela nuestra imaginación…

¿Por qué Dios no va a tener sueños para nuestro mundo? ¿Por qué no va a soñar que aquello que Él mismo creó puede llegar a ser un lugar donde se viva en un ambiente de mayor fraternidad, respeto y caridad? Sí, Dios tiene un bonito sueño sobre este mundo y, en especial, sobre sus criaturas más queridas, los seres humanos.

El papa Francisco insistió en ello en la pasada Jornada Mundial de la Juventud de Panamá: Dios tiene un sueño con cada uno de nosotros, con sus hijos, con los que le aman y le siguen. Así invitó a los jóvenes a abrir sus corazones y escuchar lo que Él les está queriendo hacer entender: “Que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de Dios siga encontrando cauces para crecer, multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la Tierra”.

El próximo 12 de mayo, domingo del Buen Pastor (IV de Pascua), la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, junto con la Jornada de Vocaciones Nativas. Y ¿qué es la vocación para un joven, sino el sueño de Dios sobre su vida y su ser? Cada joven, cada persona es alguien pensado, amado y elegido por un Dios que decidió crearnos y mirarnos con cariño.

Pero, además, el Señor tiene un plan para cada uno, un proyecto de vida, ¡un sueño! Un sueño precioso que se inscribe en otro aún mayor: el que se abre a nuestro mundo, en el cual nos pone Dios para que ese sueño suyo de construir algo bello y grande se haga realidad.

No es extraño, pues, que quienes organizamos esta doble Jornada vocacional hayamos acogido con agradecimiento la invitación del Papa a los jóvenes en Panamá: decir “sí” al sueño de Dios para cada uno de nosotros, sus hijos. Sería terrible que Dios no pudiera cumplir su plan de salvación por falta de escucha y generosidad por nuestra parte, como le dijo Cristo a la Santa de Ávila: “Teresa, yo he querido…, pero los hombres no han querido…”.

Decir “sí” al sueño de Dios no es simplemente responder afirmativamente al Señor a un proyecto personal, sino aceptar con alegría y entrega la posibilidad de que Dios se sirva de nosotros para construir su Reino. Por eso, la responsabilidad es todavía mayor: en nuestras manos está el poder contribuir, con Dios, a traer la salvación, su salvación, a nuestro mundo.

Esa es la vocación y esa es la respuesta del hombre a Dios: decir “sí” a su sueño, a su proyecto de amor para ti, para mí, para la sociedad, para el mundo. Una vocación que concretamos en el ministerio sacerdotal, en diferentes formas de vida consagrada —religiosos, institutos seculares, ordo virginum, nuevas formas de vida consagrada, vida contemplativa— y en la entrega misionera.

Esta Jornada está convocada por cuatro instituciones, responsables y convencidas de la importancia de nuestra respuesta al sueño de Dios. La Conferencia Episcopal Española, a través de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, nos hace conscientes de la trascendencia de que los jóvenes descubran la belleza de una vida entregada al Señor en el ministerio sacerdotal, como un servicio para llevar la vida de Dios a los hombres a través de los sacramentos y de la predicación de la Palabra.

La Conferencia Española de Religiosos, mediante su área de Pastoral Juvenil Vocacional, muestra la importancia de la vida consagrada en nuestra sociedad; la importancia de que muchos jóvenes, chicos y chicas, abran el corazón a la llamada de Dios a hacerle presente a través de una vida dedicada a Él y a “sus cosas”: a la oración, a los más pobres, a la formación y atención de los niños, a los mayores, a los discapacitados…

La Conferencia Española de Institutos Seculares nos recuerda que los seglares en su vida ordinaria están llamados a entregar el corazón y la vida por el Señor; porque, permaneciendo dentro del mundo, con una actitud de compromiso apostólico atento a los valores de las realidades terrenas que han de ser imbuidas del espíritu evangélico, consagran su vida a Dios y a la Iglesia.

Y Obras Misionales Pontificias, por medio de la Obra de San Pedro Apóstol, nos hace ver que, para que un territorio deje de ser “territorio de misión”, tienen que surgir vocaciones propias que puedan atender las necesidades de las comunidades cristianas de aquellas tierras; y que debemos colaborar con nuestra oración, para que broten esas vocaciones nativas, y con nuestra ayuda económica, para que puedan formarse y fortalecerse.

Hemos trabajado juntos por hacer posible que esta Jornada sea una realidad en nuestra sociedad, hemos constatado que la comunión está también en el sueño de Dios, y a este sueño… ¡hemos dicho que sí!

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