ÉL VIVE Y TE QUIERE VIVO

 

Sergio Requena (CEE)

Luis Manuel Suárez (CONFER)

Ana Cristina Ocaña (CEDIS)

José María Calderón (OMP)

Esta es la frase con la que Francisco concluye el primer párrafo de su exhortación apostólica Christus vivit, dirigida a todos los jóvenes de la Iglesia y firmada en la solemnidad de la Encarnación del Señor, 25 de marzo de 2019.

Jesús vive y te quiere vivo” es el mejor resumen de lo que el Santo Padre desea transmitir a los jóvenes del siglo XXI. Cristo no es un personaje del pasado, no es un ser lejano en el tiempo y en el espacio: es real, actual, interpelante, ¡está vivo! En el cuarto capítulo de esa exhortación, el Papa quiere dejar claras tres verdades fundamentales para los creyentes de hoy:

  • Dios te ama, a ti, en concreto, tal como eres, con tus limitaciones y proyectos;
  • Cristo, movido por ese amor, entregó su vida por ti, para salvarte, para darte vida;
  • Jesús está vivo; por eso está presente en tu vida, en cada

Por ello, no ha sido complicado elegir esta frase como lema para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada de Vocaciones Nativas de este año 2020. Es   una interpelación al corazón de los jóvenes a que vivan cerca del Señor y sientan su presencia en sus vidas y quehaceres.

Fruto de ese convencimiento, nace la relación con el Señor de cada uno de nosotros, y de esa relación surge la amistad con Él. El Señor sigue necesitando amigos, jóvenes, que anuncien a los hombres que Cristo vive y que quiere que todos los hombres vivan; pero no una vida caduca y apagada, gris y sin sentido. Él quiere que todos tengamos vida, la vida sobrenatural, la única que es capaz de llenar el corazón y el alma de las personas. Dios quiere que tengamos su vida, esa vida que salta hasta la eternidad.

La vocación, dice en ese documento el Santo Padre, “es un camino que orientará muchos esfuerzos y muchas acciones en una dirección de servicio” (n. 255). Pero el Señor sigue llamando a jóvenes concretos a dar continuidad a su misión, y para ello cuenta con la entrega alegre de chicos y chicas que, partiendo de la amistad con Jesús, descubren el amor que Dios ha puesto en su corazón y se entregan a él. El Papa les dice a los jóvenes: “Ten la certeza de que, si reconoces un llamado de Dios y lo sigues, eso será lo que te hará pleno” (n. 276); y, además, esta llamada “es atractiva, es fascinante” (n. 277).

Esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones quiere ser un momento de reflexión para todos los cristianos, para hacernos conscientes de que el Señor necesita del ofrecimiento generoso y alegre de personas que, habiendo descubierto la vida de Cristo, entregan su corazón al servicio del Evangelio. Por eso nos unimos todos en oración: sacerdotes, seglares, religiosos, consagrados, para pedir al Señor que los cristianos jóvenes sean capaces de abrir su corazón al amor de Dios, que sigue contando con ellos. Esta oración no es accesoria; el mismo Jesús nos invita a rezar por esto: “Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9,38).

Por eso, esta Jornada tiene también el ánimo de abrir el corazón de los jóvenes a la llamada del Señor. Hoy Dios sigue llamando a jóvenes para que consagren su vida al servicio de la Iglesia. Y esta tarea “requiere espacios de soledad y silencio, porque se trata de una decisión muy personal que otros no pueden tomar por uno” (n. 283). Queremos, pues, invitar a los jóvenes a que se pongan a la escucha de lo que el Señor quiere de ellos y para ellos. Queremos hacerles caer en la cuenta de que, antes de pedir que otros consagren su vida a Dios, deben preguntarse si el Señor no querrá contar con ellos.

Y, en esta Jornada, también pedimos para que ninguna vocación se pierda; para que todos aquellos que han descubierto la llamada del Señor a entregarse a Él puedan realizar su sueño y el sueño de Dios sobre ellos. Por eso recordamos con nuestra oración, y también con nuestra ayuda económica, no so- lo a los jóvenes españoles que se plantean seguir a Jesucristo en el sacerdocio, en la vida religiosa o en la consagración en medio del mundo, sino también a aquellos jóvenes a los que el Señor llama en tierras de misión para hacer posible que la vida de Dios se haga presente en aquellos lugares donde todavía la fe en su amor no es conocida o los que siguen al Señor son una minoría.

A estos, a los jóvenes de África, Asia o América Latina, el Señor les llama a ser apóstoles en sus propias culturas y tradiciones; pero también muchos vienen a nuestros pueblos y barrios a manifestar el amor de Dios entre nosotros. Y porque estos jóvenes (ellos y ellas) no cuentan muchas veces con los medios mínimos para poder formarse y llegar a completar su vocación, se nos recuerda que podemos ayudar en el fomento, cuidado y atención a las vocaciones, tanto consagradas como sacerdotales, en aquellos países.