Miriam Martín Mayoral, una niña es misionera con sus padres y hermanos en Venezuela, desde allí comparte con nosotros su testimonio.

“Mi nombre es Miriam Martín Mayoral, tengo 14 años y estudio tercer año, que equivale a tercero de la ESO, en el colegio Fe y Alegría, de las hermanas de la Pureza de María. Soy la menor de seis  hermanos y  uno adoptado en la misión y me desde aquí quiero compartir mi experiencia como una “niña misionera”.

Llevo toda la vida en Cumaná, Estado  Sucre. Aquí en Venezuela hay mucha necesidad, mucha pobreza, mucha violencia, y no puedo salir a pasear normalmente como en España, pero a pesar de todo hay gente maravillosa. Yo hace dos años entré en una comunidad del Camino Neocatecumenal y he visto la misión de una forma distinta. Trabajamos juntos y a pesar de los problemas siempre nos apoyamos y nos  ayudamos el uno al otro.

En Venezuela la mayoría de los padres de mis amigos están separados. No conocen lo que es una familia donde viven los hijos con su padre y con su madre. Algunas de mis amigas ya son madres porque se quedan embarazadas con mi edad. Hace poco una compañera de clase que me pidió ayuda diciéndome que no tenía suficiente atención de sus padres y que buscaba la atención en hombres y me pidió que la aconsejara y que la ayudara. A través de mi experiencia la pude ayudar. Le dije que en situaciones así, que rezara y que le pidiera al Señor ayuda, y que si de verdad necesitaba que tuviese la atención de sus padres, que hablara con ellos y además siempre contaría conmigo. A mis amigos les encanta venir a mi casa porque no sienten la violencia que viven en las suyas y dicen que nuestra casa es diferente a pesar de que vivimos en un barrio muy pobre y lleno de violencia.

Me he dado cuenta que puedo ayudar a mis amigos a través de mi experiencia porque pensaba que yo no hacía nada aquí, que sólo hacían misión mis padres. He visto que yo también tengo mucho que aportar y soy parte de la misión. Y que gracias a mí y a mis hermanos, muchos amigos y vecinos han entrado en la Iglesia y se sienten queridos por nosotros y por Dios.

Mis padres evangelizan en varias parroquias y anuncian a Jesús. Les toca viajar mucho, sobre todo los fines de semana. Nos quedamos sin ellos pero veo que merece la pena porque muchas personas vuelven a tener esperanza y cambian sus vidas, se perdonan y vuelven a formar verdaderas familias.

Yo sufro mucho viendo a los venezolanos, como padecen toda lo que situación que estamos viviendo. A veces, tomo comida de casa para ellos porque me dan mucha pena el hambre que están pasando. Y aunque pasamos precariedad, a nosotros no nos falta nunca la cena, a ellos sí.

En muchos sentidos mi vida es muy aburrida porque no puedo salir y me siento encerrada entre cuatro paredes y rejas, porque todas las casas están enrejadas por miedo a los malandros. Con mis amigos quedamos en mi casa para hablar, charlar y pasar un momento agradable. Los jóvenes en Venezuela, por la grave crisis que están pasando, han perdido la ilusión y la esperanza. Cuando cumplen los dieciocho años solo piensan en trabajar para ganar dinero, ahorra e irse de Venezuela. Yo no lo vivo así. Creo que con Fe y rezando todo se puede solucionar.

Sólo os pido que recéis por mí y por la misión en Venezuela”.

 

 

TODOS LOS NIÑOS DEL MUNDO SON MISIONEROS

Miriam, Martina y Aaron, son misioneros con sus familias. Leer testimonio

Pero también son misioneros Mun Si Eon, una niña de Corea del Sur que está en un grupo misionero y de mayor quiere ser misionera en Corea del Norte; Erika Rodríguez, que está empezando un grupo de Infancia Misionera en Cuba; y Marcos Bueno que articipa en Sembradores de Estrellas en Zamora. Ver qué es Infancia Misionera

¿Y  a ti te apetece ser un niño misionero? Te invitamos a participar en todas las actividades que participar en todas las actividades que organiza Infancia Misionera. Todo sobre Infancia Misionera

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