OMPRESS-ROMA (27-01-20) El Papa Francisco ha autorizado la promulgación de varios decretos concernientes al proceso de beatificación de varios Siervos de Dios, entre los que está el reconocimiento del martirio de tres misioneros españoles y siete catequistas de Guatemala, asesinados durante la guerra civil que sufrió este país entre 1980 y 1991.

Tanto los catequistas como los tres sacerdotes de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús fueron asesinados en diversos momentos de esta larga época de violencia que sacudió Guatemala. José María Gran Cirera, nacido en Barcelona, fue enviado como misionero en 1975, con treinta años a la diócesis guatemalteca de Quiché, en Zacualpa y la parroquia de San Gaspar Chajul. Seis años después, el 4 de junio de 1980, fue asesinado a tiros por el ejército, cerca de una aldea llamada Xe Ixoq Vitz, cuando volvía de atender a comunidades que pertenecían a su parroquia, junto a su sacristán Domingo del Barrio Batz.

Un mes después el 190 de julio de 1980 era asesinado el padre Faustino Villanueva, nacido en Yesa, Navarra. Había llegado en 1959 a la misión de Quiché. Vivió 21 años como misionero y era párroco de Joyabaj, cuando, una noche, dos hombres llamaron a su puerta y le asesinaron.

El tercer religioso del Sagrado Corazón, Juan Alonso Fernández, nacido en Cuérigo, Asturias, llegó en 1960 a la misma misión que José María y Faustino. Tras la muerte de ambos, el resto de sacerdotes tuvieron que abandonar Santa Cruz del Quiché, la capital de este departamento para no ser asesinados. Sin embargo, un grupo de cuatro sacerdotes volvió para atender a las comunidades en lo indispensable. Uno de ellos era Juan. En una carta, quince días antes de su muerte escribía a su hermano: “No quiero en modo alguno que me maten, pero tampoco estoy dispuesto, por miedo, a rehuir mi presencia entre estas gentes. Una vez más pienso ahora: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?”. El 15 de febrero de 1981 fue detenido, torturado y asesinado.

El misionero del sagrado corazón José María Gran Cirera fue asesinado el 4 de junio de 1980 cerca de una aldea llamada Xe Ixoq Vitz, en el término municipal de Chajul, en Guatemala, cuando tenía 36 años. Su situación se había empezado a complicar desde enero de ese año, cuando había sido puesto en la mira del ejército nacional, hasta que el 4 de junio fue interceptado en su camino por un batallón del mismo ejército nacional y asesinado a tiros junto a su sacristán, Domingo del Barrio Batz.

El Papa también firmó el decreto de martirio de otros tres sacerdotes de la Orden de los Capuchinos, entre ellos José Doménech Bonet, asesinados “por odio a la fe” al inicio de la Guerra Civil Española.