OMPRESS-MARRUECOS (16-10-20) En medio de una pandemia, cuando hay tanta falta de vocaciones, para ser presencia de Dios y rostro de la Iglesia en Marruecos, nada ha desanimado a los Misioneros Javerianos para crear una comunidad en este país y ser testigos del lema del Domund: “Aquí estoy, envíame”. Los dos primeros misioneros javerianos de esta comunidad, Rolando Ruíz Durán y Juan Antonio Flores Osuna, lo cuentan:

“Hemos iniciado la aventura javeriana en Marruecos en momentos y circunstancias especiales, y no sólo por lo del Covid-19, sino sobre todo porque desde lugares distintos, son muchos los que ahora nos acompañan, bendicen y solidarizan con el proyecto de nuestra presencia en esta zona norte de África. Los que por ahora hemos llegado a esta nueva presencia javeriana, P. Rolando Ruíz (2 de octubre) y P. Juan Antonio Flores (3 de octubre), saludamos a cada uno de vosotros con deseos de paz y bien. Precisamente, por ahora, estamos hospedados en una comunidad de Franciscanos en Tetuán, al norte de Marruecos.

Algunas personas nos han preguntado qué vamos a hacer en un país que es casi al cien por ciento musulmán. Otros nos advierten que en los lugares en los que hasta ahora hemos estado, hay muchas necesidades pastorales y sociales que podrían llenar nuestros días. Pues, la cuestión es que nosotros nos sentimos enviados para extender, ahondar, cultivar… el Diálogo y el Encuentro interreligioso e intercultural, como expresión del Reino de Dios en medio de la Humanidad. Ojalá que todos viesen nuestra partida como expresión de que en cualquier parte del mundo, los cristianos no estamos llamados a ser simples consumidores de Evangelio, sino a transformarnos en anunciadores del Evangelio que un día hemos recibido.

Llegar a estas tierras, es señal de la confianza que la Iglesia, en general, y las Iglesias locales de Marruecos tienen en nosotros Javerianos. Efectivamente, durante estos primeros días hemos sido objeto de magnánimas atenciones y de una particular cordialidad de parte del Arzobispo de Rabat y Administrador Apostólico de Tánger (nuestra nueva Diócesis), el cardenal Cristóbal López Romero, sdb. Igualmente, hemos experimentado la esplendidez amistosa del pueblo marroquí en el encuentro tenido con Soufian Al Kadaoui, un seguidor del sufismo islámico y amigo de los Misioneros Javerianos. Los Franciscanos que por ahora nos han abierto las puertas de su generosa hospitalidad, son verdaderos hermanos. En los próximos días conoceremos mayormente la realidad de nuestra Iglesia local y sus evangelizadores varios.

Los saludos y comunicaciones que hemos recibido de parte de tantos de vosotros, nutren el ‘nuevo sueño de fraternidad y de amistad social’ que los Javerianos, inspirados por el Papa Francisco, queremos que ‘no se quede sólo en palabras’ (FT 6). Nos unimos al deseo del Papa que anhela “que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad” (ib. 8).

Tenemos confianza en Dios que nos ha llamado a pesar de nuestra fragilidad para hacernos eco de su amor, de un amor que abraza a todos. Además, cuando hablamos de la fe de Abraham, que aceptó ir a otro lugar que él no conocía, sabemos que eso significa reposicionarse. La apertura en Marruecos es la opción de nuestra Familia Misionera para reposicionarnos con fidelidad creativa a nuestro carisma. Así lo decía el P. Menegazzo: ‘En nuestra familia hoy, es posible una opción más acorde con el carisma (lugar, actividad, estilo de vida) sólo si somos capaces de dejar otros lugares o actividades ya maduros, si somos capaces de sacrificio, si no nos da miedo iniciar de nuevo, si tenemos fe suficiente para intentarlo’.

Gracias a los que ya compartís con nosotros este nuevo sueño javeriano y nos mostráis vuestra cercanía y solidaridad. Os aseguramos nuestra amistad y recuerdo en la oración. Nosotros nos tomaremos un año para iniciarnos en el conocimiento de las lenguas, cultura, religión… y en la exploración de la realidad que nos recibe, a fin de identificar las actividades que nos permitan ser servidores de la fraternidad humana anhelada por el Papa Francisco y auspiciada ya en el ‘audaz proyecto’ de San Guido María Conforti de hacer del mundo una familia, siguiendo las huellas de Francisco Javier.

El mes misionero que hemos iniciado con la fiesta de Santa Teresa de Lisieux queda como marco significativo en el que la Delegación Javeriana de España nos ha enviado, y es invitación a pensar el propio reposicionamiento desde el ad gentes, ad extra y ad vitam de nuestra xaverianidad. Seguimos en la espera del tercer miembro de nuestra comunidad, François Saleh Moll, cuya próxima consagración sacerdotal nos recuerda que Dios no deja de sorprendernos con la novedad del Evangelio que nos empuja: Caritas Christi Urget nos”.