En este mes mariano de mayo, dedicado a María Santísima, en el sitio web que acoge los preparativos para el próximo Mes Misionero Extraordinario de octubre, se ha preparado una sección especial dedicada al Rosario. Desde este sitio de la Santa Sede se propone el rezo del Rosario Misionero por la evangelización y por los misioneros o, también, la organización del Rosario viviente.

La Venerable Paulina María Jaricot, fundadora de la Obra Misional de la Propagación de la Fe, el conocido DOMUND, ideó un Rosario viviente organizando a amigos y colaboradores en grupos de 15 personas, basándose en el número de los Misterios del Rosario de aquella época. Cada miembro se comprometía cada día a rezar una década del Rosario diariamente y a meditar un Misterio, durante todo un mes. De esta forma, se recitaba diariamente todo el Rosario y cada grupo meditaba los 15 Misterios. La oración del Rosario se convertía así en una realidad “viviente” de apoyo a la Misión de la Iglesia de proclamar la Buena Nueva, especialmente a las personas que aún no la han escuchado. El esfuerzo apostólico de los misioneros de Jesús dispersos por todo el mundo se sostenía con la oración del Rosario Viviente.

El rosario misionero se ofrece a todos los fieles como oración en este mes de mayo y, después, de cara al Mes Misionero en el que, el 7 de octubre, se celebrará la Virgen del Rosario.

El esquema del Rosario es el siguiente: Anuncio del misterio; intención misionera para la oración; lectura del Evangelio o de otro pasaje de las Sagradas Escrituras; un testimonio de la Misión o un comentario patrístico espiritual o un texto sobre el Misterio a rezar o sobre la intención misionera; Padre Nuestro; 10 Avemarías; Gloria; memoria de los difuntos.

La oración es el alma y el fundamento de la misión de la Iglesia. Para sostener el esfuerzo apostólico de los misioneros dispersos por todo el mundo se propone el Rosario Viviente que todavía hoy se practica en muchas partes del mundo y cuyos grupos son en la actualidad de 20 personas por la inclusión de los nuevos misterios luminosos, establecidos por el Santo Padre Juan Pablo II.