OMPRESS-JAPÓN (14-03-18) El sacerdote de la diócesis de Cartagena, Pascual Saorín, acaba de ser nombrado nuevo vicario general de la diócesis de Takamatsu en Japón. Tras obtener la licenciatura en Teología Pastoral en la Universidad Pontificia de Salamanca, Saorín llegó el pasado mes de octubre a la diócesis de Takamatsu en Japón. Volvía a Japón tras un periodo de estudio. De 2001 a 2015 estuvo destinado en la archidiócesis de Osaka.

Según informan desde la diócesis de Cartagena, el obispo de Takamatsu, Mons. Eijiro Suwa, le ha nombrado vicario general de esta diócesis que es una de las más pequeñas de Japón. Comprende cuatro provincias de la isla de Shikoku: Kochi, Matsuyama, Tokushima y Kagawa, cuya capital Takamatsu es la que da el nombre a la diócesis. Se trata de una isla situada al sudeste de Japón, muy montañosa y rural, con mayor vida industrial en las zonas costeras. Tiene unos seis millones de habitantes, de los cuales sólo unos 4.500 son católicos.

“Sí, no es un error. Una diócesis de 4.500 cristianos, con una veintena de parroquias y poco más de treinta sacerdotes que han de abarcar una zona muy amplia, montañosa y de un budismo muy profundo. Es decir, cualquier párroco en nuestra diócesis de Cartagena tendría más cristianos que toda esta diócesis junta… Ahora bien, se trata de una zona misionera y por ello todo el enfoque está dirigido a la evangelización”, explica Saorín. Una misión que se lleva a cabo también a través de muchas guarderías, escuelas y universidades, así como hospitales. “Yo mismo trabajo ya en una parroquia (Marugame), además de otra de la que me haré cargo desde abril (Zentsuji), en una guardería y también, desde abril, estaré en la cárcel provincial de Takamatsu, como capellán de prisiones”, destaca el misionero.

Desde la misión en Japón, Pascual Saorín pide oraciones a su Iglesia diocesana de origen. “Como cura de la diócesis de Cartagena trataré de llevar la fe de nuestra Iglesia a estas tierras. Pido para ello muchas oraciones por las misiones y los misioneros, así como generosidad a los sacerdotes de nuestra diócesis para prolongar el “sí” vocacional que le dimos al Señor y extenderlo a regiones y ámbitos donde el mensaje de libertad del Evangelio todavía no es conocido o está desvirtuado. Si la Iglesia no es misionera, no es Iglesia. Existimos para evangelizar”.

 

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