El 9 de Julio se celebra la fiesta de 120 mártires chinos entre los cuales se encuentra Pablo Tchen, niño educado gracias a la Infancia Misionera –Santa Infancia, como era denominada entonces- y que fue asesinado durante las persecuciones contra católicos.

En la revista Gesto, la revista de Infancia Misionera queremos que conozcas su vida:

Hace muchos años, en 1843, los misioneros que estaban en China enviaban cartas muy tristes a Europa porque veían miles de niños que no tenían para comer y no sabían rezar. Necesitaban ayuda. Una de esas cartas llegó a manos de Forbin Janson, un obispo francés que inmediatamente organizó a los niños de su país para atender a los de China, como pedían los misioneros. Y así fue como Pablo Tchen llegó a conocer a Jesús.

Chen Changpin –su nombre de nacimiento- había nacido en una familia muy pobre, que no creía en Dios. Su padre lo veía como una carga. Para librarse de él, lo dejó en un orfanato de religiosas que lo cuidaron con la ayuda que recibían de la Infancia Misionera francesa. Cuando Chen descubrió en ese orfanato cómo vivían los cristianos, quiso ser uno de ellos, y se bautizó con el nombre de Pablo.

En el orfanato creció feliz, y cuando tenía 22 años decidió entrar en el Seminario (que es como el colegio donde se preparan los chicos para ser curas).

En esa región, los jefes mandarines odiaban a los cristianos. Había un general muy violento llamado Tien-Ta-Hen (Tien significa “gran hombre”), que furioso por el amor que la gente tenía a los misioneros, mandó capturar a Pablo y a otro compañero seminarista.

En la cárcel no les dejaban hablar con nadie. Dormían sobre tierra (a veces mojada porque el agua entraba por todos lados cuando llovía)  y no recibían alimento porque se lo comían los guardias. Lo cierto es que Pablo y su compañero se podrían haber librado de todo esto si hubieran dicho: “Renuncio a ser cristiano”, que era lo que les pedía el malvado Tien-Ta-Hen. Pero eso es lo último que hubieran hecho; para Pablo y su amigo, ser fieles a Jesús era más importante que su vida; y como tenían mucha fe, no les asustaba seguir encerrados en aquel calabozo.

Sin embargo, sus verdugos eran cada vez más crueles. Y ante la resistencia de estos valientes jóvenes, decidieron sacarlos de la cárcel. Pablo y su compañero sabían que su muerte era inminente, pero sabían que Dios estaba con ellos y no dejaron de rezar hasta el final. Pablo tenía 23 años cuando murió.

Si quieres más detalles sobre su vida descarga la biografía de San Pablo Tchen, para niños.