OMPRESS-MACEDONIA DEL NORTE (8-05-19) El Papa Francisco ha realizado esta semana, del 5 al 7, un viaje apostólico que le ha llevado a Bulgaria y a Macedonia del Norte, en cuya capital Skopie nació la Madre Teresa de Calcuta. El Papa acudió al memorial de la santa en la misma ciudad. En su encuentro con las autoridades y la sociedad civil de Macedonia del Norte, en el palacio presidencial, expresaba su deseo de “homenajear de forma especial a una ilustre conciudadana vuestra que, movida por el amor de Dios, ha hecho de la caridad hacia el prójimo la ley suprema de su existencia, suscitando admiración en todo el mundo e inaugurando un específico y radical modo de ponerse al servicio de los que están abandonados, de los descartados, de los más pobres. Me refiero evidentemente a la que en todo el mundo es conocida como Madre Teresa de Calcuta. Ella nació en un suburbio de Skopie en 1910 con el nombre Anjezë Gonxha Bojaxhiu y desarrolló su apostolado en India, con humildad y total donación de sí misma, y por medio de sus hermanas alcanzó los más diversos confines geográficos y existenciales. Estoy feliz de acercarme dentro de poco a rezar en el Memorial que le habéis dedicado, construido en el lugar donde antes se encontraba la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en la que fue bautizada”.

Allí, en el Memorial, rezó una oración en la que el Papa Francisco agradeció “el don de la vida y el carisma de la santa Madre Teresa”. Una oración que concluía con “Santa Madre Teresa, ruega por esta ciudad, por este pueblo, por su Iglesia y por todos los que quieren seguir a Cristo, Buen Pastor, como discípulos suyos, realizando obras de justicia, de amor, de misericordia, de paz y de servicio, como Él que vino no para ser servido sino para servir y dar la vida por muchos, Cristo nuestro Señor”.

Tampoco faltó una mención a la Santa de Calcuta en el encuentro ecuménico e interreligioso con los jóvenes: “Pensad en la Madre Teresa: cuando vivía aquí no podía imagina como habría de ser su vida, pero no dejó de soñar y de esforzarse en descubrir el rostro de su gran amor, que era Jesús, de descubrirlo en todos aquellos que estaban al borde del camino. Ella soñó a lo grande y por eso también amó a lo grande. Tenía los pies bien plantados aquí, en su tierra, pero no se estaba quieta. Quería ser ‘un lápiz en las manos de Dios’. Ese era su sueño artesanal. Se lo ofreció a Dios, creyó en él, sufrió por él, nunca renunció a él. Y Dios comenzó a escribir con aquel lápiz páginas inéditas y hermosas. Una chica de vuestro pueblo, una mujer de vuestro pueblo, soñando, escribió grandes cosas. Dios las escribió, pero ella soñó y se dejó guiar por Dios. Cada uno de vosotros, como la Madre Teresa, está llamado a trabajar con sus propias manos, a tomarse la vida en serio, a hacer que sea algo hermoso. No permitamos que nos roben los sueños”.