OMPRESS-JAVIER (4-12-19) Ayer día de San Francisco Javier, patrono de las misiones y también patrono de Navarra, el arzobispo de Pamplona y Tudela, Mons. Francisco Pérez, recordó que, ante la vorágine de nuestro mundo de hoy, “merece la pena acercarse a los santos y hoy de modo especial a San Francisco de Javier que en medio de las propuestas finitas y caducas que le ofrecían oyó la voz del Maestro y cambió su vida”.

En la homilía de la Misa de ayer en Javier, en la que se entregaron a 21 misioneros el crucifijo y se realizó su envío a la misión, el arzobispo animó a todos a seguir el ejemplo del santo navarro, porque todos los que le conocieron “notaban en él una persona alegre y gozosa, con gran esperanza, dispuesto a llevar la felicidad a todos y ésta sólo la puede dar una elección. Una elección que tiene su origen en Dios y por él entregar la vida si fuera necesario. Una entrega gozosa y apasionada a Cristo. A las personas amó y se hizo amar de ellas. Buscó e hizo buenos amigos. Nunca forzó las conversiones. Compartió la experiencia de Dios sabiéndose adaptar a las culturas y llevarles el regalo más grande que es el Evangelio”.

Mencionando la liturgia del día – Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria – señaló Mons. Francisco Pérez que este “es un elogio a los que optan por ser mensajeros y misioneros llevando al ser humano lo que ansía y desea como es la paz, la concordia, la victoria sobre el mal. Nosotros también debemos sentir ser misioneros de paz, de unidad, de cercanía a los que sufren, de ayuda al que está triste”. Por eso San Francisco Javier “no se cambia por nadie y emprende la aventura de la evangelización a tierras lejanas sin importarle lo que dejaba detrás de sí”.

Recordó el arzobispo de Pamplona la reciente visita del Papa Francisco a Japón y sus palabras en las que recordaba al santo navarro: “Hoy, el Señor me regala la oportunidad de estar entre vosotros como peregrino misionero tras los pasos de grandes testigos de la fe. Se cumplen 470 años de la llegada de San Francisco de Javier al Japón, quien marcó el comienzo de la difusión del cristianismo en esta tierra. En su memoria, quiero unirme a vosotros para dar gracias al Señor por todos aquellos que, a lo largo de los siglos, se dedicaron a sembrar el evangelio y a servir al pueblo japonés con gran unción y amor; esta entrega le dio un rostro muy particular a la Iglesia nipona”.

Animaba finalmente, el arzobispo a hacer “un canto de alabanza y agradecimiento a los que, por amor a Dios y al género humano, se entregan de por vida a ser misioneros”.