OMPRESS-NÍGER (21-04-20) Rafael Marco, Misionero de la Sociedad de Misiones Africanas, escribe sobre los estudiantes de Benín, muchos de ellos cristianos, que llegan, con grandes dificultades estudian en la ciudad de Gaya, en Níger.

“Hoy querría hablaros de los estudiantes benineses que han venido a estudiar a Gaya. No son como los navarros, aunque vete tú a saber. La verdad es que es una alegría volverse a encontrar con gente de Benín, ¡y jóvenes!, que guardan la gracia, la sencillez y espontaneidad de su tierra. Muchos de ellos forman parte de la comunidad cristiana y se incorporan en corales, grupos de juventud, catequesis, comunidades de base con toda naturalidad. Pasan tres años de estudios y regresan a su país a trabajar. Ahora, con el coronavirus, han suspendido las clases hasta nueva orden dejando el curso en el aire. Muchos de ellos han regresado al Benín atravesando el río porque la frontera está cerrada sin saber muy bien cuando regresarán. No lo tienen fácil en Gaya y algunos de ellos pasan por dificultades serias, pero si logran superarlas aprenden a abrir sus horizontes y a sufrir, es la mejor edad, esta prueba de iniciación por la que hemos pasado muchos al salir de casa. Nosotros intentamos ayudarles.

La comunidad cristiana de Gaya está formada en buena parte por jóvenes benineses que han venido a estudiar medicina aquí, en dos centros que funcionan admirablemente, parece ser, uno de ellos el Nightingale de inmensa mayoría beninesa, tanto de alumnos como de profesores, el otro es el Kubayni, más bien nigerino. En cuanto llegan las vacaciones, la coral, los grupos de jóvenes o catequesis de adultos se reducen considerablemente.

Se habla de alrededor de 1.000 estudiantes llegados de Benín que se instalan en esta ciudad, Gaya, de aproximadamente 35.000 habitantes, fronteriza, separada del Benín por el río Níger. Se les nota, se les identifica enseguida por su actitud desenvuelta, juvenil y su vestimenta que no tiene nada que ver con los velos, bubúes, mantos y mantillas del mundo musulmán. Vienen de todos los rincones del Benín: tanto de Kandi o Banikoara, zonas limítrofes, como de Porto Novo o Cotonou, al otro extremo del país. ¿Por qué tantos estudiantes benineses en Gaya?

Me encuentro con uno de ellos, Ilde, comprometido en la parroquia, para que me lo explique. Le expreso mi extrañeza de ver tanto estudiante beninés en un país donde el nivel de estudios no brilla precisamente por su excelencia, más bien al contrario, y la vida se presenta bastante más difícil que en Benín por el clima, la pobreza y los precios. Entonces Ilde me cuenta con bastante desparpajo que ya lleva dos años por estas tierras, y me dice:

‘Padre, la medicina es una vocación. Cuando uno quiere ser enfermero, no tiene muy en cuenta los medios económicos de que puede disponer sino su voluntad para llevar adelante esa vocación. Es más bien cuestión de voluntad y después se buscan los medios para realizar el proyecto que llevas dentro. Es en ese intríngulis que se encuentran la mayor parte de los estudiantes benineses que hemos venido a Gaya, a esta escuela creada además por un beninés, el doctor Jean Abalo. En Benín exigen una nota media obligatoria bastante alta, también cuenta la edad, no más de 21 años. Entonces puede ser que tengas la vocación pero no la nota media y te enteras de que existe un centro de estudios en Níger equivalente al de Benín, que te propone un examen y si lo pasas puedes hacer allí los estudios que te interesan y recibir una beca que, aunque es pequeña, ayuda. Muchos jóvenes han venido aquí por eso. Han aprobado el examen y se les ha concedido esa beca.

Es verdad que se hace bastante publicidad de estos centros, tanto en Níger como en Benín, por la TV, panfletos etc. pero es sobre todo el testimonio de los compañeros que han pasado por esta experiencia, que han hecho los estudios aquí y que nos explican cómo lo han vivido y el porcentaje de éxito que han alcanzado estos centros. El aliciente fundamental es que los benineses que han estudiado aquí han aprobado y están trabajando hoy tan felices. Con estos argumentos es fácil convencerse e intentar esta solución. ¿No le parece? Es la experiencia por la que he pasado yo’”.

El misionero le pregunta sobre su nivel de estudios y si el diploma es reconocido en Benín, Ilde le explica que los programas nacionales de Níger y Benín son homogéneos y están reconocidos. El problema son las dificultades: “Es verdad que no hay estudios sin dificultades, como en todas partes, pero es que además, una vez que pasamos la frontera las dificultades aumentan. El clima es más duro, mucho más caluroso y las condiciones de vida también. Casi toda la alimentación viene de Benín, pero aquí es mucho más cara y casi todos esperamos los paquetes que nos mandan nuestras familias de Benín con ansiedad. Además, hay otro problema importante, la residencia; el centro tiene un cierto número de habitaciones pero muy por debajo de las necesidades; entonces te las tienes que arreglar con otros compañeros para buscar un sitio más o menos apropiado. La gente abusa de nosotros y nos ponen los precios por las nubes, a menudo vivimos un poco hacinados. Los alquileres suelen ser muy altos; luego están los problemas del material escolar, fotocopias que nos salen por un ojo de la cara… Hay gente que lo pasa verdaderamente mal, que se encuentran en apuros muy serios, que se tienen que buscar un ‘job’ siempre mal pagado, chicas que se venden, compañeros que no pueden terminar el curso por falta de medios…

Esta mañana me he encontrado con una estudiante que estaba haciendo la cocina para tres personas y se había gastado 0,50€ en tomate, cebolla y chile, una miseria, pero es que no le daba para más. En un piso se pueden instalar hasta 30 personas donde cada una vive a su aire y se las arregla como puede. La vida de un estudiante suele ser difícil en todas partes y es verdad que se aprende a sufrir y a vivir con lo mínimo necesario buscándose la vida como sea, pero con la esperanza de terminar un día los estudios y abrirse un camino en la vida después de tanto sacrificio”.