OMPRESS-ROMA (22-02-21) El Papa ha autorizado los decretos sobre las virtudes heroicas de tres misioneras italianas que fallecieron de Ébola en 1995 en el Congo, cuidando a enfermos de esta terrible enfermedad. Se trata de Floralba Rondi, Clarangela Ghilardi y Dinarosa Belleri, todas religiosas de la Congregación de las Hermanas de las Pobres – Instituto Palazzolo.

Sus vidas fueron una entrega constante a los demás. Por ejemplo, Dinarosa Belleri, nacida en Brescia, llegó al Congo en 1966, estuvo 17 años en el Centro Hospitalario Mosango, hasta que se trasladó, en 1983, a Kikwit. Allí trabajó entre leprosos y personas afectadas de tuberculosis y todo tipo de pacientes hasta que en 1995, llegó el Ébola. Ni se le pasó por la cabeza dejar el cuidado de los enfermos. Murió el 14 de mayo de 1995. Antes habían fallecido otras tres hermanas de la misma congregación y dos morirían más tarde. Todas fallecidas por el Ébola.

La investigación diocesana, para determinar la naturaleza heroica de las virtudes cristianas de estas seis hermanas, tuvo lugar en la misma diócesis donde habían dado sus vidas cuidando a los enfermos, en la de Kikwit. Se desarrolló del 28 de abril de 2013 al 23 de febrero de 2014, para dar paso a la fase romana en la Congregación para las Causas de los Santos. Los restos de las seis religiosas, a petición expresa del obispo de Kikwit, Mons. Edouard Mununu, reposan frente a la catedral de Kikwit.

La epidemia de Ébola tuvo lugar de modo vertiginoso, lo que da cuenta de la virulencia de esta enfermedad. En abril de 1995, los agentes sanitarios de Kikwit, que habían participado en la cirugía de un paciente gravemente enfermo, fallecieron en dos semanas. También las hermanas de la comunidad tuvieron una víctima, la hermana Floralba Rondi, que murió el 25 de abril. El 6 de mayo siguiente falleció otra religiosa, sor Clarangela Ghilardi. Dos días después llegó el diagnóstico definitivo: ambas hermanas, así como los demás médicos y enfermeras, habían fallecido por el virus del Ébola. Por tanto, se estaba produciendo una verdadera epidemia. A primeras horas de la tarde del 11 de mayo de 1995, siguió la muerte de la hermana Danielangela Sorti que había estado velando a la hermana Floralba.

A pesar de los fallecimientos y de la epidemia, la hermana Dinarosa intensificó los cuidados a los enfermos. En la primera semana de mayo comenzó a sentirse mal y ya para el día 14, entró en coma irreversible y falleció. La epidemia causaría otras dos víctimas entre la comunidad que la Congregación de las Hermanas de las Pobres tenía en Kikwit: las hermanas Annelvira Ossoli y Vitarosa Zorza. Su historia circuló inmediatamente por la prensa y la televisión y, con el tiempo, no fue olvidada ni dentro ni fuera de esta congregación.