OMPRESS-MADRID (19-12-19). Ayer, 18 de diciembre, en la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, tuvo lugar la mesa redonda “Oración y misión”. El encuentro, en el marco de la Cátedra de Misionología de la UESD, promovida por las Obras Misionales Pontificias, mostró, desde tres perspectivas profundas e impactantes, como se enlazan esas dos realidades esenciales en la vida cristiana.

Tras la presentación del acto por parte del P. José María Calderón, la carmelita misionera Paloma Marchesi habló de la contemplación como misión. Todo parte de una “experiencia vital transformante”, de un sentirse honda y personalmente amado por Dios-Santísima Trinidad: “Esa experiencia de encuentro profundo a nivel afectivo me proyecta a la misión”. Es lo que ella llamó “construir la casa desde dentro”, porque “solo desde ahí surge la misión, en vínculo afectivo con Cristo”. Para ello, invitó a que cada uno profundizara en la vivencia de la oración como relación de amistad, que va creciendo hasta llegar a la unidad con el Amado. “Dios quiere que nuestra misión sea mucho más dinámica, desde dentro, experiencial”, afirmó.

La hermana María del Prado, comboniana, se centró en la oración del misionero, apelando a su propia vivencia: “Si el misionero no coge su fuerza en la oración, puede hacer mil cosas, pero será vacío. Sin la oración no eres nada”. También explicó que “el misionero vive la oración como un estilo de vida” y que su oración “está llena de rostros de la misión”. Con una imagen mostró el valor testimonial que esta vida de oración tiene ante su pueblo: “Muchas veces las 4 o las 5 de la mañana son las horas en que los misioneros tienen su oración personal. Es un testimonio: la gente que va al campo ve la luz de la capilla y dice: «Ahí hay un misionero que está rezando»”. Una oración en la que, por supuesto, está muy presente “Mamá María”: “No puedes pensar en un misionero que no tenga a María como referente en su vida”.

Por último, intervino Beatriz Gallego, enferma misionera, responsable de los Misioneros Laicos de la Caridad de España, fundados por la Madre Teresa, con un impresionante testimonio: “Dios me cortó las alas de raíz, pero no entendía las alas de oro que me estaba preparando… Él me ha roto, me ha ido rompiendo. De ahí ha venido mi vocación, mi amor y mi salvación”. Ella le ha dicho “tómame” a ese “Cristo roto” en la cruz, y experimenta su infinita misericordia: “Ahora me siento más misionera, porque Él tiene que actuar más en mí”. Su experiencia de sostener las misiones desde la enfermedad la vive como “un misterio de amor”, en el que Cristo, “mi marido”, le muestra “cómo construir la misión según Él quiere”: “Me enamoré la primera vez, y ahora me he enamorado mucho más de otra manera, en el fuego de una enfermedad”. Y concluyó: “La enfermedad no es tristeza, es alegría, siempre que se viva con Él; si no, es desesperación”.