OMPRESS-COLOMBIA (23-10-20) Es lo que nos recuerda el misionero Ramón Eguiluz, con muchos años de misión en África, hasta hace poco provincial en España de los Combonianos y, ahora, con una nueva misión en Colombia.

“Hace 73 años que Dios me llamó a ser lo que nunca me imaginaba”, dice Ramón haciendo referencia a su reciente cumpleaños, “a ser sacerdote misionero y es el tercer continente en donde me encuentro. He estado 23 años en África, concretamente en la República Centroafricana, Congo Kinshasa, Tchad y actualmente en Bogotá, Colombia. Nunca me había imaginado estar en este continente y, sin embargo, me he encontrado con muchas novedades. La primera es que estoy en una casa de formación de Hermanos Combonianos, que es una rama importante de nuestro Instituto. La segunda, que me estoy actualizando en la Universidad Javeriana y me está ayudando a abrir mis ojos y mis oídos a otra realidad, desconocida por mí y, por fin, estoy viviendo un momento primaveral. Me veo como si Dios me abriera otro mundo de una gran riqueza humana y cristiana. Hay que ver cómo nos necesitamos unos y otros. Somos caricia y sonrisa de Dios si sabemos estar con los demás. Ser misionero es también ser una persona que escucha, acoge y se atiene a lo que el Espíritu le da a conocer”.

“Aquí también nos ha visitado el Covid 19”, cuenta el misionero comboniano, “y me ha tocado estar encerrado 7 meses debido a mi edad. Me suena a que, a pesar de nuestras distancias, estamos muy unidos por este virus que nos hace ver qué enanos somos y cómo nos necesitamos. Desde este rincón del mundo os deseo que seamos aguijón y caricia a la vez como dice la canción. Un abrazo virtual a los que leeréis estas sencillas palabras de un misionero, pero sobre todo cristiano que intenta ser un enamorado de la vida y de las personas que me y nos rodean. Así fue Jesús”.